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Cuántas veces entre bromas, cuando alguien actúa un poco irascible le dicen “¡pareces una mujer menopáusica!”
Lo dicen sin detenerse a pensar lo que realmente significa estar menopáusicas, como si esa etapa en la mujer fuera objeto de burla o del tomarlo para bromear, sabiendo de antemano que pueden herir los sentimientos de las mujeres.
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¡He vivido veinte años de mi vida con un desconocido!
No sé realmente hasta qué punto puede llegar su mal carácter, sus mentiras de querer cambiar y nunca hacerlo, sus maltratos físicos y morales, muchas veces he intentado dejarlo, pero no puedo, porque mis hijos le necesitan, aunque realmente con él no cuento en determinadas etapas de su vida, no sé si aún le quiero o simplemente ya me hice a la idea de soportarlo hasta donde sea posible…
Me temo que esto ocurre a menudo: Tienes un amigo, valioso, bueno, sincero, muy entregado a la amistad, te llena de atenciones, siempre está cuando lo necesitas, te aferras a él cuando sientes que te llega la soledad… pero él tiene una novia con la cual pasa sus horas libres, aunque está contigo cuando tú le llamas…
Muchas mujeres, cuando se enamoran quedan prendadas de ese ser que le ha conquistado de manera maravillosa con sus detalles de amor. La mujer llega a perder los sentidos, hasta el punto de no querer mirar más allá de su vida, solamente embriagada de amor, entregada, sumisa, satisfaciendo hasta el más mínimo capricho de la persona que ama…
La adolescencia… esa etapa en los hijos en que la rebeldía se hace presente, en que sus emociones están a flor de piel y son tantos los cambios que tienen los hijos que lo más recomendable es buscar información al respecto y ayudar a comprenderlos.
Cuando se tienen hijos en plena adolescencia, es prácticamente importante acercarnos a ellos, comprenderlos, apoyarlos y sobre todo brindarles mucha seguridad y amor…
Cuando te quedas sola en la vida, sin el respaldo económico y moral del hombre con quien te casaste esperando vivir una vida bella, con los hijos producto del matrimonio, con esa carga a cuestas de sacarlos adelante y darles una buena educación y vida, esos hijos que están desorientados por la falta de su padre… la vida se te hace tan difícil que no buscas cómo enfrentarte a ese reto de asumir tu responsabilidad como madre.
El pasado está presente en tu mente, y a veces también en tu corazón.
El pasado como aquél amor que un día viviste en forma tan rápida, aquél amor que aunque breve te llenó de incontables momentos bellos y selló tu vida para siempre, mismo que por azares del destino perdiste y hoy te empeñas en recordar…
Muchas veces vivimos en un ambiente estresante, por el trabajo, la rutina diaria en el hogar, esos términos del día en los que llegamos al hogar sabiendo que aún quedan unas horas más de trabajo para finalizar agotadas y deseando tan sólo acostarnos y cerrar los ojos para dormir…
Las mujeres, suelen reunirse dándose su pequeño espacio para disfrutar de una buena taza de café y conversaciones sobre la vida misma, sobre el hogar, sobre el matrimonio; todo ello para desahogarse muchas veces de las preocupaciones de su persona y vida misma, buscando quizás con ello un consejo, una opinión o simplemente saber si es normal lo que sucede en su vida personal o es solamente a ella…
Cuántas veces la mujer se queda sumida en el dolor de haber perdido a un gran amor y cuántas veces se ha preguntado en las noches llenas de soledad qué fue lo que sucedió y en qué falló la relación, sin detenerse un instante a reflexionar si pudo haber sido culpa de su pareja al esperar demasiado a ella, o si acaso no supo valorarla pese a que ella le daba todo de sí misma, incluso más que de lo que el daba a cambio o merecía…
La depresión es un mal que aqueja a muchas personas en estos tiempos que se viven y nadie está exento de padecerla alguna vez.
Muchas personas que padecen depresión no recurren a un especialista para tratarla, otras en cambio se someten a psicoterapias que las ayudan a reducir los problemas y desgastes que este le ocasiona…
Muchas veces las mujeres pensamos que con amar es suficiente, que con entregar nuestro corazón y sentimientos es suficiente…
Sin embargo con el paso del tiempo nos damos cuenta de que se van agotando los deseos de entregarnos sexualmente, nos cuesta hacer el amor entregándonos plenamente, y acabamos haciéndolo simplemente porque el cuerpo así lo desea, porque nuestra pareja lo pide, y por cumplir con uno más de nuestros deberes de esposa, al igual que también tenemos que lavar, planchar o preparar la comida aún cuando no nos apetece.
Cuando una mujer trabaja, se multiplican las funciones a seguir, su vida se vuelve cotidiana y va dejando a un lado su vida íntima…
Sabemos que la mayoría de las mujeres desde muy temprana hora se levantan para iniciar la rutina del nuevo día, despertar a los niños, preparar el desayuno, sentarse aprisa a tomar algo para luego, dejar a los niños en el colegio, llegar corriendo a la oficina e iniciar su día laboral… entre tazas de café y trabajo va pasando su día con intervalos de pequeños mensajes para saber si en casa todo está bien con los niños.
¡Cuántas veces hemos culpado a los hombres de todas nuestras desdichas y sufrimientos! Muchas veces nos hemos dejado llevar por la amargura y resentimiento lamentándonos de ellos, sin detenernos un instante a pensar si somos nosotras quienes estamos fallando en algo…
Sé que la vida para muchas mujeres a veces es injusta, que la mayoría de las infidelidades provienen del hombre, pero de igual manera la mujer en muchas ocasiones ha caído en la infidelidad, quizás por la falta de atención de la pareja o como ha sucedido en muchos casos por llegar a enamorarse de tal manera que no le importa para nada el saberse unida a otra persona en los lazos del amor.
Se casó enamorada, entregada a la vida del hogar, sin pensar muchas veces en ella misma, siempre pendiente de su esposo y de los dos hijos que procreó en ese matrimonio, con el paso del tiempo su vida cambió de manera radical, ya no se le veía como la mujer enamorada, ya no sonreía ni se sentía feliz y esa alcoba se convirtió en una cárcel de cuatro paredes que le ahogaban, que le hacían sentir deseos de escapar muy lejos.
¿Recuerdan a la amante? Aquél tema que una vez les traje para compartirlo con todos ustedes, aquella mujer que después de ser esposa y ser abandonada por otra mujer, se enamoró perdidamente de un amigo que dejó embarazada a su novia y se casó… sí recuerdan que ella se hizo su amante y pasaba más tiempo con él, que vivía una vida a escondidas, que después de ser esposa se convirtió en amante de su propio ex esposo, para luego volver a ser amante de un hombre casado, quien tuvo una hija con su esposa…
Ahora les contaré la continuación de esa relación que vivo muy de cerca porque es amiga mía…
Cuando vives en ese hogar tranquilo, sin escasez, trabajas a la par con tu pareja, aportando en la misma cantidad que él, tu mundo gira en torno a tus hijos y tu esposo, llegas cada día a casa con la ilusión de preparar esos alimentos, de compartir tus horas libres con ellos, los amas de tal manera que sientes que tu felicidad está completa.
Pero un día, él decide marcharse al extranjero diciéndote que lo hace pensando en darles una vida mejor, un buen futuro para esos hijos que van creciendo.
Vivimos en un mundo de fantasía, entre amigas, fiestas, colegio, risas y alegrías, convivimos con esos chicos de nuestra edad que nos traen la sonrisa colgando en los labios siempre.
De repente nos damos cuenta que ese amigo o aquél chico nuevo nos atrae, hasta el grado de estarle mirando de reojo cada vez que se asoma, claro, sentimos que es nuestra media naranja, nuestro chico afín a nuestra forma de ser y cupido hace su trabajo flechando nuestro corazón.
La mujer desde tiempos pasados se sometía a los caprichos y órdenes del varón, desde que nacía la tenían predestinada a ser ama de casa, madre y esposa sumisa, enseñándole las labores del hogar, tiempos aquéllos en que no existía la equidad de género, parecía que nacer dentro del sexo femenino era sinónimo de obediencia, sumisión y sobre todo el bajar la
cabeza ante el macho que ordenaba.
Ella es una mujer entregada a su familia y trabajo, es maestra de primaria, su vida transcurría feliz con sus dos hijos, su esposo a quien ayudaba para que se superara apoyándolo tanto económica como moralmente en sus estudios, con el paso del tiempo decidieron regresar a su ciudad natal. 
Ambos consiguieron trabajo en la misma ciudad, viajando todos los días una hora mientras sus niños se quedaban a cargo de la abuela materna, el estudiando los sábados, su trabajo como era por etapas a veces viajaba con ella, otras tantas se quedaba en su trabajo ya que le tocaban guardias, su trabajo consistía en el área de seguridad pública, ella impartiendo clases en una escuela primaria.
Una mujer joven, bella, con un matrimonio que se rompió al poco tiempo de casados, enamorada completamente de su esposo, casi dos años de matrimonio en el que no pudo ella concebir un hijo sometiéndose a mil y un tratamientos de fertilidad para así tener esa familia con la que soñaba intensamente.
Su esposo, un hombre profesional que viaja durante la semana a su lugar de trabajo estando con ella solamente los fines de semana, le fue envolviendo el entorno al grado tal de empezar a vivir una aventura con una mujer que trabajaba con él, enamorándose de ella de tal manera que decide dejar a su esposa y quedarse con ella.
Cuando vives en esa soledad compartida,
donde tu vida gira alrededor de tu familia, tu hogar, tus hijos, tu vida es un poco triste, vacía, sientes que necesitas ese “algo” que te haga salir de la rutina…
En una de esas salidas al súper, te encuentras a alguien, quien entabla contigo una pequeña charla, sobre los niños, el hogar, te agrada esa persona e intercambias comentarios sobre las cosas cotidianas de la vida…
Muchas nos adentramos en el mundo cibernético, ese mundo alejado de la gente real que está a nuestro lado; buscamos amistades, conociendo tantas personas, muchas veces para expresar nuestro sentir, ya sea abarcando el mundo de la poesía, del tan sólo leer, o tal vez lo tomamos como una manera de distraernos de las cosas cotidianas de la vida, para alejarnos del estrés.
Y al paso del tiempo vamos conociendo personas afines a una, amistades que se van convirtiendo en algo normal en nuestra vida, amigas sobre todo de quienes hablamos en nuestra mesa a la hora de comer, las llevamos siempre presentes como si estuvieran cerca de nosotras sin importar que miles de kilómetros nos dividan entre esas personas y nosotros.
Se preguntarán el porqué de este título, bien, a través de mi vida, de los altibajos vividos, he llegado a conocer diversidad de seres que están envueltos en sus diferentes problemas, íntimos quizás, pero que se notan en su mirada, en su hablar, en su sonreír cansado, se nota en la manera en que su cuerpo responde al contacto, se nota en esas manos que húmedas se encuentran al tomárselas en un cálido saludo.
Estoy consciente que en estos tiempo vivimos en un constante estrés, la vida misma nos lleva en un continuo vaivén cual remolino constante que nos abraza, muchas veces no sabemos qué rumbo tomar, no sabemos qué actitud tomar, cómo responder ante los sucesos diarios o el futuro mismo.
Cuando encontramos en nuestra vida a ese ser que nos va enamorando con sus palabras, con sus miradas tiernas, con sus pequeños detalles, nos va envolviendo poco a poco en su entorno hasta dejarnos enamoradas de él, le vamos entregando de nosotras todo, hasta llegar el momento de consumar ese amor, en esa primera noche de entrega, de pasión mezclada con ternura haciendo de nuestra vida íntima toda una bella fantasía, tal cual cuento de hadas en donde dice al final… “y vivieron felices para siempre”…
Pero al paso del tiempo, con el ir y venir de la vida, esa pasión se va enfriando entre los dos, el cansancio, el hogar, la vida misma con sus altibajos en economía, en los hijos…
Cuando encuentras a alguien en la vida, una amiga, le vas entregando esa confianza de comentarle algunas cosas, te vas adentrando en esa amistad lentamente y la envuelves en el núcleo y entorno de tu vida misma.
Sientes que encuentras a la persona ideal hasta el grado de tomarla como apoyo en todo lo que rige ese entorno tuyo, sabes que puedes confiar plenamente en su persona pues su forma de ser contigo te lo demuestra a cada momento, confías de tal manera que vas dejando en sus manos parte de lo que vas construyendo con el paso del tiempo y sabiendo los mil y un trabajos que te va costando todo esto.
Hoy quiero escribirles sobre la violencia femenina.
Ese carácter tan fuerte que muchas veces hace infelices a nuestra familia y a nuestro entorno.
Sabemos que muchas veces ese estrés vivido, el circulo tan cerrado en que nos desenvolvemos algunas mujeres, nos hace tener arranques de violencia ante tal o cual situación en el hogar, algún juguete tirado en medio de la sala, la ropa sucia sobre la cama, el armario desarreglado, en fin, hasta la música que escuchan nuestros hijos con volumen alto nos basta para empezar a gritar en medio de regaños y demás.
— ¿Qué es la felicidad? — Te cuestionas en esas noches en que el cansancio está en tu cuerpo, en tu alma, después de un arduo día de trabajo, la vida que vives te llena de estrés, muchas veces de emociones fuertes, piensas una y otra vez, te preguntas ¿estoy viviendo? ¿esto es vida?
Muchas veces llega a ti ese sentir de tristeza, de cansancio, de querer traspasar fronteras, nubes, ensueños, esos sueños en donde eres la princesa del cuento y vives rodeada de lujos, de cosas bellas que toda mujer ambiciona tener, un príncipe azul que te rodea de cariño, de halagos, de mimos.
Abrimos ese baúl en donde guardamos esos bellos recuerdos, ese ayer que nos llenó de alegría, de ilusiones, ese ayer en el que soñábamos con dominar el mundo con nuestro amor, ahí, escondido en el fondo al hurgar, salen esas cartas atadas con un listón rosa y entre ellas esa foto del primer amor de tu vida, ese amor que se vio truncado al vivir una aventura en una noche cualquiera, los recuerdos llegan a ti y suspiras.
Cuando tienes en ti esos 40 años que se ven interesantes ante los demás, estás sola, son tus noches llenas de anhelos, de ilusiones, de deseos de tener a tu lado a alguien a quien confiarle tus cosas, alguien que te de un abrazo y te abrigue en ellos cuando sientas angustia, cuando sientas ganas de llorar, cuando sientas que te va llegando esa depresión….
¿Conoces ese cansancio que se lleva en los hombros bajo la presión del hogar?
Muchas veces al casarnos imaginamos una vida hermosa, plena, rodeada de comodidades y amor, fantaseamos con ese príncipe que conocimos y del cual nos enamoramos tan locamente hasta el punto de entregarnos por entero y no pensar en nada más que en tenerlo a nuestro lado.

