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Se dice muy comúnmente que en cuanto a problemas de pareja, la peor parte siempre se la suele llevar la mujer.
Hoy día las infidelidades son tan recurrentes que parecen haberse convertido en el pan nuestro de cada día. Cada una de las dos partes tienen sus propias razones, por un lado está la esposa a quien le sobran razones para continuar en un matrimonio, y por la otra está la amante a quien le sobran razones para no dejar esa relación en la que sólo está ocupando un segundo lugar en la vida del hombre, luego está el hombre que lo único que hace es gozar de las dos mujeres que le aceptan lo que diga, lo que quiera y cuando lo quiera.
El valor de un hombre no se ve por la cantidad de mujeres que logra, sino por saber mantener enamorada a la misma durante toda la vida.
Es lógico desconfiar de tu pareja si cuando le conociste él fue amante por estar contigo engañando a su esposa. Él ya tenía dueña y fue infiel por estar contigo, ¿cómo se puede esperar fidelidad de alguien así?
Nunca te dejes engañar, sólo porque los hombres te lloren y supliquen no quiere decir que vayan a cambiar. No creas todo lo que te dicen cuando están alterados y “arrepentidos”, es común en ellos actuar así para manipular tus sentimientos.
Muchas veces estamos con alguien que nos ha hecho daño y traicionado porque a pesar de todo dice que nos ama. Pero no debemos dejarnos engañar, quien ha hecho algo para perder nuestra confianza seguramente no nos ama como merecemos. Puede que la necesidad y dependencia el uno del otro y la confusión provocada en los momentos de inestabilidad nos hagan pensar que es amor en lugar de lo que es realmente: costumbre.
Se suele decir que la mujer lo soporta todo por amor, perdona una y otra vez y sigue esperando inútilmente que su pareja cambie.
Pero a veces también ocurre a la inversa: El hombre es el que inútilmente espera un cambio en su mujer, que ella se responsabilice aunque sólo sea por sus hijos y deje de lado su banal vida llena de infidelidades…
Los hombres también saben soportarlo todo por amor.
Los valores y principios aplicables a la fidelidad y la infidelidad son para los hombres y mujeres por igual.
Generalmente, cuando se habla de la infidelidad se piensa en el hombre, olvidando que para que haya un hombre infiel tiene que haber también una mujer infiel.
Si bien el hombre suele ocupar el centro de las altas estadísticas de infidelidad, la mujer también puede caer en la infidelidad.
Nueve de cada diez hogares se ven afectados por la infidelidad.
Estadísticamente, la probabilidad de que tu hombre te sea infiel en algún momento es alto, muy alto. ¿Por qué son infieles los hombres? ¿Qué buscan? ¿Y qué hay de aquellos que sí son fieles? ¿Por qué lo son? ¿Son normales? En este artículo analizaremos la infidelidad del hombre…
Un momento de pasión compartida y desenfrenada, un momento de dejarnos llevar por lo que el cuerpo o los deseos nos llame a hacer… tan sólo un momento de pasión puede llegar a provocar una catástrofe en nuestras vidas.
Muchas personas se dejan llevar por estos sentimientos, quizás por aburrimiento, por hastío, por cambiar de rutina… muchos factores pueden influir para que se llegue a tener esos momentos, pero eso no es amor, no hay que confundir los estados de una persona…
Al trabajar fuera de casa, lo más normal es que se tenga que hacer la misma ruta cada día, pasando por los mismos sitios, las mismas casas, junto a los mismos vecinos…
Nuestras parejas, haciendo su ruta diaria para ir y volver a casa, fácilmente podrían acabar conociendo a vecinos y entablando amistades, o algo más…
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido: yo, porque tú eras lo que yo más amaba; y tú, porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras como te amaba a ti, pero a ti no te amarán como te amaba yo.
- Ernesto Cardenal
Siempre pensamos que nuestras historias son únicas e irrepetibles, mas no es así, cada persona va arrastrando sus vivencias, nadie es totalmente desdichada y nadie es completamente feliz…
Cuando hablamos de malos tratos contra una mujer, lógicamente siempre tendemos a pensar en el abuso que una mujer sufre a manos un hombre. Pero las mujeres también podemos ser violentas con las de nuestro género.
En ocasiones, podemos llegar a ser violentas con otras mujeres, aunque sea en nuestra actitud y palabra, llegando incluso a invadir la paz y armonía de su hogar y matrimonio…
Cuando se está en una relación amorosa todo nos hace felices, todo es alegría, y supone una linda etapa de nuestra vida… pero ¿qué pasa si esa persona que amas es de otra?
En casos así, todo se complica, hace falta retomar nuestras vidas, ver si el camino que hemos tomado es el adecuado, si lo que estamos haciendo es lo correcto y si es lo que no hará felices en nuestra vida.
El ser humano tiene la tendencia de sentirse atraído por lo imposible o prohibido. ¿Será que nos gustan los problemas?
El amor prohibido ha dado lugar a todo tipo de historias desde románticas hasta trágicas, todos conocemos a Romeo y Julieta, la inmortal obra de William Shakespeare en la que se produce la muerte de los protagonistas por no poder vivir su amor, y hasta el día de hoy nos sigue atrayendo aquello que llamamos “prohibido“.
Las historias se repiten a diario, algunas mujeres creen que al entregarse a un hombre se están asegurando un futuro al lado de ese hombre, se imponen ese objetivo a si mismas como si fuese un deber, especialmente cuando creen amar o cuando se creen amadas.
Pero muchas veces, ante el afán de lograr la felicidad, hay mujeres que no se percatan de un pequeño detalle: aman a un hombre casado con otra mujer que tuvo esos mismos sueños, y ese sueño roto ahora es “un amor de tres”.
Difícilmente se nos pasa un día sin escuchar alguna queja de infidelidad, y dicen que cada hogar es un mundo. Pues si de “mundos” se trata, cuidamos celosamente el nuestro para que nadie nos lo dañe. No queremos sufrir ninguna infidelidad en nuestras vidas.
¿Por qué entonces permitimos que entre un extraño en nuestro mundo?
“La confianza es difícil de obtener, fácil de perder”
Cuando formamos una relación se supone que es para toda la vida, queremos que nos amen, nos respeten y sobretodo exigimos fidelidad, porque esto es un punto fundamental para una relación: la confianza y la fidelidad.
Cuando las personas se enamoran también se sienten con el derecho de hacer como una posesión su amor, cada uno sólo le pertenece a esa persona y punto, cualquier tercero es un peligro y hay que cuidarse de ello.
¡Cuántas veces hemos culpado a los hombres de todas nuestras desdichas y sufrimientos! Muchas veces nos hemos dejado llevar por la amargura y resentimiento lamentándonos de ellos, sin detenernos un instante a pensar si somos nosotras quienes estamos fallando en algo…
Sé que la vida para muchas mujeres a veces es injusta, que la mayoría de las infidelidades provienen del hombre, pero de igual manera la mujer en muchas ocasiones ha caído en la infidelidad, quizás por la falta de atención de la pareja o como ha sucedido en muchos casos por llegar a enamorarse de tal manera que no le importa para nada el saberse unida a otra persona en los lazos del amor.
“La mentira nos hace felices, mientras la verdad nos hace desgraciadas”.
¿Será que por eso preferimos ignorar las señales de la infidelidad de nuestra pareja?
En el mismo momento que escogemos pareja, nos hacemos el propósito de llevar una vida tranquila, honesta y sin mentiras, nuestro mundo, pequeño mundo está establecido, protegemos nuestro hogar y lo encerramos en una burbuja de cristal para que nadie lo dañe. ¿Pero qué pasa cuando empezamos a tener señales de cambio?
Este tema, pretende abrir surcos profundos a la reflexión, caminos nobles hacia el entendimiento y brindar una fuente de aprendizaje, que al compartirla con todas ustedes de manera franca, gentil y respetuosa, también nos brinde a todas, la oportunidad de aportar sugerencias a quien las pida, enseñar a quien no sabe, y de expresar (sobre todo), los más profundos sentimientos del alma, que aquí entre mujeres, nos es más fácil, más sencillo y más cómodo.
Reunir el perfil que este artículo requiere, tanto en su magnitud y alcance, como en su validez, seriedad y bases sólidas, no sería posible sin la opinión directa de todas ustedes amigas lectoras. Y atendiendo a vuestras solicitudes, nos permitimos traer este tema a nuestra casita virtual, avalado también por los resultados de algunas otras encuestas realizadas aquí, coincidiendo fielmente con las usuarias de este sitio en que el 95% de los hombres del mundo son unos adorables mentirosos profesionales y ahora veremos sus motivos.
Muchas veces confundimos nuestras obligaciones y deberes con la rutina.
La mujer suele cansarse de ser la “muñequita de aparador”; el esposo le da todo (en lo material) pero eso no es suficiente para ella cuando ya no se siente mirada como mujer, o eso es lo que ella piensa porque ya no es besada tan apasionadamente como cuando se casaron.
Amigas queridas; las sagradas escrituras nos enseñan a perdonar de corazón, y a poner la otra mejilla cuando alguien nos ha golpeado de alguna manera. Se nos enseña también que en nombre del amor debemos de ser humildes de corazón y olvidar las rencillas, los malos ratos, los altercados, las ofensas, los rencores, las infidelidades, los engaños y todo tipo de errores ajenos etc. y por obviedad, esto implica que necesariamente es menester exterminar resentimientos frescos y añejos.
¿Pero es realmente posible esto?
Sabemos y aceptamos que el amor es parte esencial en nuestra vida, sabemos que sin ello sería imposible vivir, muchas veces nos detenemos a pensar en los factores importantes que están implicados en dar y recibir amor, esperamos recibirlo en la misma medida que lo damos.
Sin embargo y a pesar de lo que muchas veces analizamos y meditamos acerca del amor, de lo que queremos y esperamos de él, nos aventuramos a dejar que el sentimiento del amor fluya por algo o por alguien que nunca podrá realizarse plenamente, porque ese algo o ese alguien está prohibido.
¿Recuerdan a la amante? Aquél tema que una vez les traje para compartirlo con todos ustedes, aquella mujer que después de ser esposa y ser abandonada por otra mujer, se enamoró perdidamente de un amigo que dejó embarazada a su novia y se casó… sí recuerdan que ella se hizo su amante y pasaba más tiempo con él, que vivía una vida a escondidas, que después de ser esposa se convirtió en amante de su propio ex esposo, para luego volver a ser amante de un hombre casado, quien tuvo una hija con su esposa…
Ahora les contaré la continuación de esa relación que vivo muy de cerca porque es amiga mía…
Qué difícil e increíble nos parece a veces, tener que entender que las cosas pasan en la vida por una poderosa razón de Dios, y no sólo por un capricho de nuestra naturaleza interior y humana de mujer. Que todo en la vida tiene una razón de ser, que no existe la casualidad sino la causalidad, y que ni una sola hoja de un árbol se mueve en este mundo sin la voluntad de Dios, y que para Él no existe la palabra IMPOSIBILIDAD mientras que para nosotros los seres humanos hay miles de imposibilidades porque a todo le ponemos límites.
El amor es el sentimiento más hermoso, nos enamoramos porque el humano está siempre necesitado de amar y ser amado, necesitamos pertenecer y que nos pertenezca, ¿pero qué pasa cuando el amor se convierte en dependencia?
¿Qué pasa cuando no podemos dejar ir, cuando no nos resigamos a perder?
La dependencia es como una droga, no importa de lo que se trate, puede ser persona o cosa, el hecho es que no podemos o no queremos vivir sin ello.
Cada vez son más las personas que se unen a las redes sociales para reunirse con sus amigos y familiares. Estas redes sociales también están sirviendo para hacer nuevas amistades. Las redes sociales (facebook, hi5, myspace y más) también nos brindan la oportunidad de contactar personas que hace mucho que dejaron de ser parte de nuestras vidas, en muchos casos, contactar con personas de las que no hemos tenido ninguna noticia en años…
Ocurre todos los días, y como a muchas mujeres, incluso las casadas, puede que te esté costando despedirte definitivamente de un hombre que pertenece a otra mujer. Seguramente nunca te mintió, desde el principio te confesó que había otra mujer en su vida, pero claro, cuando se está enamorada no es fácil decir adiós.
Pero, ¿tenemos derecho a destruir un hogar por no saber escoger un hombre sin compromisos?
He aquí una historia de la vida real:
Hasta hace poco fuimos un grupo unido de amigos que compartía alegrías y penas, algunos incluso trabajábamos en el mismo sitio. Uno de los amigos del grupo se enamoró locamente de una mujer del grupo, llegando a casarse con ella. Con el tiempo, fuimos apreciando ciertas actitudes grotescas de su parte frente a su esposo que fielmente le amaba, trabajaba para ella, y le proveía de todo cuanto necesitaba. Ella hablaba con naturalidad de sus infidelidades, y de cómo le utilizaba para su propio provecho a la vez que se reía de él.
Los valores y los principios son una mezcla de virtudes y cualidades que van de la mano y con nosotros por el resto de nuestra vida.
Vamos por la vida, tratando de poner en práctica lo que hemos aprendido, sin embargo en muchas de las situaciones se nos hace difícil tomar decisiones.
Por la razón que sea, hay cosas y eventos en la vida que no sólo son difíciles de aceptar, sino también difíciles de salir de ellas (incluso cuando sabemos que están en juego cosas importantes).
El amor es el sentimiento más noble y más puro, y pese a ello, también es el sentimiento más difícil de comprender.
Muchas veces se escucha decir “me gusta estar con él/ella porque es una persona muy buena, pero no quiero enamorarme”.
Y en muchos casos, no es porque no les guste la idea de amar y ser amadas… sino más bien porque ya están en otra relación.
Cuando se habla de infidelidad, se piensa siempre en el “corazón roto” de la parte engañada, muchas veces los hogares se disuelven porque una de las dos partes no puede aceptar, que su esposo/a haya puesto sus ojos en otra persona, ¿pero qué pasa cuando esa falta es perdonada y el ofensor se queda en el hogar? Más aún, ¿Qué pasa cuando la parte infiel (generalmente hombres) se queda haciendo una doble vida?
En algunos casos, la amante se disputa la atención de él, y la esposa lucha para no perderla, se vuelven contendientes donde el “premio final” es el hombre, le colocan cada una por su parte en bandeja de plata, los mejores cuidados y tolerancia al macho en cuestión en un intento de demostrarle que con “ella” estará mejor.
La mujer por naturaleza es una romántica y una soñadora incorregible. Gusta de hacer castillos en el aire y colgarse de las nubes del cielo para hacer piruetas que ni ella misma se imaginaba con cuánto éxito llegaría a darle vida a sus sueños más hermosos en el Don de ser mujer.
Pero hay sueños que suelen ser y resultar demasiado costosos, un precio que no todas las mujeres del mundo están dispuestas a pagar y mucho menos cuando el amor propio va de por medio y les es lastimado.
El corazón de mujer tiene gran capacidad: ama intensamente, perdona una y otra vez, miles de veces… por amor disculpa los defectos y malos hábitos de su pareja, incluso puede llegar a culparse de las infidelidades del hombre, de su falta de atención y descuidos… Las cosas que el corazón de la mujer es capaz de soportar son innumerables.
Pero, ¿qué pasa cuando es la mujer quien está enamorada de la persona equivocada, y se aferra a él a pesar de saber que es un hombre casado?
Todas las mujeres, deseamos encontrar el amor verdadero:
Soñamos con encontrar al hombre que llene nuestras expectativas, buscamos el hombre caballero, romántico, que nos demuestre que nos ama, que nos diga las palabras que se queden grabadas, no sólo en la mente, sino también en el corazón.
Muchas veces la impaciencia o el miedo a la soledad puede llevar a una mujer a fijarse en la persona equivocada, llegando a creerse mentiras y “verdades a medias”. La mujer muchas veces llega a creer todo cuanto el hombre le cuenta cuando le escuchan decir “te amo”.
Muchas veces nuestras sensaciones de soledad nos hacen pensar cosas que resultan ser sólo malos pensamientos, otras veces estamos en lo correcto. Muchas veces nos engañamos creyendo que nos aman mientras nuestro corazón nos dice que no es así, estamos en una encrucijada, nos sentimos atrapadas por malos pensamientos…
¿Cómo saber la verdad?
Muchas veces nuestros ojos se posan en alguien que no nos conviene pero cuando nos damos cuenta muchas veces ya es tarde, estamos enamoradas.
El corazón tiene razones que la razón no entiende, porque nos empeñamos en dañar nuestras vidas, conformándonos con ser amantes.
¿Tan poco valor nos damos, o es que no tenemos derecho a ser felices?
Hoy les traigo una historia muy conmovedora de una mujer que ha sufrido mucho:
Se casó muy joven, tuvo dos hijos maravillosos, pero por cosas de la vida tuvo que quedarse sola con ellos y se le cerraron las puertas de su hogar y familia.
Era una mujer muy trabajadora, que por más que trabajase no le alcanzaba para nada. Tuvo que ir a una casa de esas donde los hombres pagan para conocer damas, pero como recepcionista y señora de la limpieza. Trabajó diligentemente, de forma honrada y honesta, pues sus hijos eran su razón de vivir.
A ti mujer:
Sí, a ti mujer que me lees, que tienes un sufrimiento en tu corazón, a ti que primero secas tus ojos para leer estas líneas.
Soy una mujer como tú, con un corazón que sufre y llora ante los embates de la vida, aquí en este momento, te hago una pregunta y me pregunto a mi misma:
¿Será que nos gusta llorar?¿Será que somos tan cobardes que muchas veces preferimos vivir de una mentira para sonreír y fingir que somos felices? ¿O preferimos la verdad aunque nos destroce el corazón en mil pedazos?
Ante la infidelidad se rompe toda la confianza y lealtad de la relación. Hace daño, tanto que cuesta comenzar un nuevo día.
Primero, hay que saber que la infidelidad no se olvida nunca, es imposible. Y para la mayoría de las personas es imperdonable. Construir donde sólo quedan ruinas es muy difícil, es como romper una hermosa copa de cristal que tanto has cuidado y luego se te cae, por mucho que la pegues ya está defectuosa. Lo mismo ocurre con las relaciones, ¿cómo reparas un corazón destrozado por la infidelidad?
Parece mentira pero esta situación no disminuye, al contrario, cada vez es más frecuente que nuestro amor resulte ser un hombre casado.
Siempre que nos reunimos con amigas nos hacemos esas preguntas “¿Por qué te gusta ese chico si es casado?”
Nunca se tiene respuesta certera, pero creo que algunas lo hacen porque implica la falta de compromiso.
Ha llegado a mi correo una historia acerca de un tema del que nunca se me había ocurrido escribir:
Soy una mujer casada, desde hace muchos años tengo 3 hijos, era muy joven cuando me casé, por aquel entonces mi vida era un sufrimiento constante del que no encontraba salida. Mi marido siempre fue un hombre irresponsable, dejándonos mucho tiempo solos a mí y nuestros hijos. Cansada de la vida, una vez fui a la fiesta de una familia conocida, mi marido enseguida se emborrachó y se fue a dormir. Tenia entonces un amigo que siempre estaba a mi lado, era perfecto, pero era mi amigo. Esa noche, por esas cosas de la vida, una cosa llevo a la otra y terminé durmiendo con él.
Hola mis amigas:
Según los estudios que he leído, las mujeres somos las que más leemos los sms de nuestras parejas, y es verdad porque somos más celosas, estamos pendientes quien envía todos esos mensajes y por qué motivos.
¿Tenemos razón?
Claro, porque hoy en día la infidelidad es como el pan de cada día…
Hola mis amigas, cada día vemos y escuchamos la frase “soy casada y tengo un amante” o viceversa.
Cuando estás casada y por los motivos que sean dejaste de ser feliz con esa persona que escogiste para pasar el resto de tu vida, y las cosas no salieron como pensabas, tu soledad y la tristeza pueden llevarte a una amarga vida… Te encontraste con un amante, ese que siempre espera, es paciente, te comprende, te ama, y te dice todas las cosas que tú deseas oír. Vuelve a salir el sol en tu vida, ya tus días están llenos de colores y mil mariposas están rodando en tu estómago. Te sientes enamorada.
Esta es la historia real de una maravillosa mujer, su matrimonio, y su experiencia. Felizmente casada, con una hija, buena situación económica, gozaba de un amor envidiable desde su juventud:
Yo estaba muy enamorada de mi pareja, juntos tuvimos una hija, y aunque él siempre tenía que ir de un lado a otro y yo también trabajaba, nuestra vida era más o menos normal.
Podía confiar ciegamente en él, lo era todo para mí. Siempre tenía el detalle de llegar a casa a la hora justa, nunca había lugar a dudas en nuestra relación, la palabra “infidelidad” no estaba en nuestra boca.
Pero un día algo cambió y la felicidad se transformó en un mar de lágrimas.
A mi correo personal ha llegado una carta amigas queridas, que me conmovió profundamente por su contenido
La carta corrobora lo que yo siempre he dicho en todos mis escritos, en el sentido de asegurar solemnemente que la mujer está preparada para amar de mil maneras, pero también para sufrir de muchas formas porque ella quiere.
Cuando vives en ese hogar tranquilo, sin escasez, trabajas a la par con tu pareja, aportando en la misma cantidad que él, tu mundo gira en torno a tus hijos y tu esposo, llegas cada día a casa con la ilusión de preparar esos alimentos, de compartir tus horas libres con ellos, los amas de tal manera que sientes que tu felicidad está completa.
Pero un día, él decide marcharse al extranjero diciéndote que lo hace pensando en darles una vida mejor, un buen futuro para esos hijos que van creciendo.





