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Cuando iniciamos la vida en pareja solamente pensamos en construir nuestro mundo sobre bases sólidas que sostendrán para siempre las cuatro esquinas de nuestro hogar… idealizamos a nuestra pareja pensando que es quien nos proveerá de amor, comprensión y felicidad, pero sobre todo pensamos que será quien nos dará la plena seguridad de ser quien nos dará y a quien le daremos la tranquilidad al llegar la vejez.
Cuando pensamos en unir nuestra vida a la de otra persona, nuestra mente se concentra en solamente “ser felices hasta que la muerte nos separe”, muy poco nos ponemos a pensar que el deseo de unirnos a otra persona puede ser sólo la combinación de hormonas e ignorancia, o por no querer estar solas. No cabe duda que el amor puede conquistar muchas cosas, ¿pero nos detenemos a pensar que existen muchas diferencias y problemas que surgen tan pronto como la convivencia empieza?
Cuando nos enfrentamos a una discusión siempre queremos tener la razón, y al calor de la cólera muchas veces acabamos ofendiendo a la persona que más amamos.
No somos capaces de decir, “tienes la razón” “perdóname, me equivoque”. Y sin querer, acabamos cometiendo errores que requieren de una disculpa.
No pocas veces amigas queridas, algunas mujeres hemos sido víctimas del enfado de alguna persona que tenemos cerca, por el hecho de que no podemos parar de hablar. Al parecer la mayoría de las mujeres nacimos con mucha cuerda en la laringe y en el alma un mundo de cosas con chispa que comentar y mucha urgencia por compartirlas, sin darnos cuenta de que padecemos de una enfermedad llamada: “Verborrea”.
Muchísimas veces en la vida nos encontramos con parejas que ya no saben qué hacer para que sus relaciones mejoren.
Una historia… una vida:
Nos casamos jóvenes, y tenemos dos hijos… pero nuestra vida se ha vuelto aburrida y llena de reproches, ya no hay caricias ni salidas a cenar, todo se ha vuelto muy rutinario. Mi pareja sólo desea sexo conmigo, y tras obtenerlo se vuelve alejado, lleno de sus actividades.
Trataremos esta vez de mirar dentro de nosotras, para discernir cómo tratamos a nuestros conflictos emocionales.
Muchas veces un mal entendido, una palabra dicha en el momento menos indicado nos puede llevar a discusiones o distanciamientos que abren brechas insalvables en la vida de una pareja.
Si gritas tú… ¡yo te grito más fuerte!
Siempre que exista una predisposición a escuchar al otro debe hacerse con mucha humildad y estando abiertas al diálogo para crear un buen ambiente que nos invite a conversar sobre nuestras cosas. Nadie quiere ganar batallas: la comprensión y el amor serán siempre los vencedores.
No hay nada más placentero que el ser escuchadas, sobretodo si es tu pareja. Hay muchas cosas que a veces no nos gustan, y a veces el miedo a enfrentarnos y crear una pelea evitamos el tema, pero a la larga nos causa tal frustración que al final es peor.

