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No importa quien haya iniciado una discusión, si nosotras elegimos seguirla, somos igual de responsables a quien le inició.
Evita entrar en discusión, pues así habrás ganado: lograrás restar importancia a la rabia y le habrás dado un lugar al amor, el respeto y la consideración.
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En muchas ocasiones, debido a nuestro temor a quedarnos solas, al apego emocional, la baja autoestima o la vana creencia de que “no encontraré a alguien más”, podemos llegar a quedarnos junto a personas que ni nos aman de forma sincera, ni nos valoran como merecemos.
Pero debemos ser mujeres fuertes, valientes, y capaces de reconocer cuando estamos perdiendo el tiempo con alguien que no nos merece.
Cuando nos hieren, nos sumimos en una mezcla de sentimientos difícilmente explicables… y lo más duro es saber que en buena medida nos han lastimado porque nosotras mismas lo hemos permitido.
¿Qué debemos hacer en momentos de crisis y confrontación? ¿Cómo hacer que las cosas no empeoren cuando estaríamos dispuestas a romper los platos o algo mucho peor?
Hay circunstancias en las que ya no aguantamos más, nos llenamos de ira y estallamos con gritos, reproches y palabras que quizás nunca debimos haber dicho.
Luego nos arrepentimos, pero ya es demasiado tarde, lo dicho dicho está, lo que salió de nuestras bocas no puede deshacerse.
Por eso, es importante aprender a controlarnos y pensar antes de dejarnos llevar por la ira…
“Demasiado a menudo subestimamos la rapidez con que cambian nuestros sentimientos porque subestimamos nuestra propia capacidad para cambiarlos.” -David Gilbert.
Se suele decir que algunas de las características de nuestra personalidad son heredadas de los padres, pero también se piensa que a través de nuestra vida podemos aprender a controlar las emociones antes que se nos salgan de las manos. Sin embargo muchas veces nos dejamos llevar por las emociones del momento y no podemos o no queremos controlarlas.
La vida nos coloca frente a diferentes situaciones, algunas de las cuales son dolorosas y provocadas por personas en quienes hemos puesto nuestra confianza, cariño, respeto, y en ocasiones incluso el amor más puro y verdadero que nuestro corazón es capaz de dar.
A veces esas personas en las que hemos confiado se portan mal con nosotras, terriblemente mal. Y en ese momento sólo pensamos en la venganza, la dulce venganza.
Alguien preguntó a un poeta muy querido y admirado llamado Gustavo Adolfo Bécquer, amigas queridas: “¿QUÉ ES POESÍA?” y él contestó:
“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú”
Y yo me pregunto: Si la mujer es poesía, musa y fuente de la inspiración, el aroma de una rosa en un jardín en plena primavera, un remanso de paz, ternura, cariño, devoción, entrega, constancia, dulzura, eternidad y amor, etc. Entonces, ¿Por qué somos tan polémicas las mujeres?, por todo queremos discutir, polemizar, todo lo queremos debatir, saber y controlar.
Hoy quiero escribirles sobre la violencia femenina.
Ese carácter tan fuerte que muchas veces hace infelices a nuestra familia y a nuestro entorno.
Sabemos que muchas veces ese estrés vivido, el circulo tan cerrado en que nos desenvolvemos algunas mujeres, nos hace tener arranques de violencia ante tal o cual situación en el hogar, algún juguete tirado en medio de la sala, la ropa sucia sobre la cama, el armario desarreglado, en fin, hasta la música que escuchan nuestros hijos con volumen alto nos basta para empezar a gritar en medio de regaños y demás.


