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Es normal cometer errores, todo el mundo los comete. Aun así, tendemos a intentar taparlos, ocultarlos y negarlos…
Cuando ocultamos nuestros errores creamos cadenas que nos aprisionan. Si somos capaces de aceptar nuestros propios errores, seremos más libres, maduras y admirables. Una mujer admirable no oculta sus errores: los asume como propios y aprende de ellos.
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Todas cometemos errores, eso es parte de ser humanas.
Pero duele mucho cuando el error que cometemos es el mismo que el de antes. Cometer el mismo error duele hasta destrozarnos el alma.
Quisiéramos que la tierra nos tragara e hiciera desaparecer, pero tenemos que ser fuertes, afrontarlo, levantar cabeza y mirar hacia adelante. El pasado no se puede cambiar, el futuro sí.
Es inevitable cometer errores, es parte de la vida: por mucho que intentemos evitarlo, los cometeremos.
¡Pero qué bueno es cometerlos! Gracias a nuestra gran capacidad de aprender de los errores podemos ser mejores día a día.
Los errores nos pueden enseñar en qué podemos mejorar y a vivir de forma más sensata. Algo bueno se puede sacar de ello… hagámoslo.
Todas las personas cometemos errores, pero no siempre somos capaces de reconocerlo.
Errar es de humanos, saber admitirlo nos dignifica.
Si insistimos en no reconocer nuestros errores acabaremos cometiendo más, cuando en su lugar podríamos estar aprovechándolo para aprender de lo ocurrido, dejarlo atrás y continuar nuestro rumbo.
¡He descubierto que puedo estar orgullosa de mí misma! He cometido muchos errores a lo largo de mi vida, he vivido situaciones terribles y llorado mares…
Pero todo ello no ha sido en vano, he aprendido de mis experiencias y gracias a ello ahora soy lo que soy: Una mujer valiosa orgullosa de si misma.
¡Tú no los hagas!
Hay errores que casi todas las mujeres de mediana edad cometen: no comprar nada para ellas mismas, sacrificarlo todo por los demás, compararse con como eran de jóvenes, y más…
Pero aunque ya lleguemos a los 30, 40, 50 o 60, tenemos que seguir valorándonos, sabiendo que nuestra edad también es buena y también merece sus privilegios.
Muchas veces hemos escuchado decir “no tengo suerte en el amor”.
Pero en el amor no se debe apostar como en un juego al azar, no debiéramos depender de la suerte para algo tan importante. Si pensamos que nos falta suerte en el amor puede que sea porque no estemos tomando las decisiones correctas, no analizando bien a nuestros pretendientes ni a nosotras mismas.
Vivimos acostumbradas a una “comodidad” moral que nos permite hacer lo que queramos y cuando se nos antoje, sin sentir remordimientos ni penas; es como si hubiésemos comprado un ticket de “no culpas” que nos exime de asumir la responsabilidad de nuestros actos sin que nos veamos muy afectadas en el asunto.
Muchas veces caemos en grandes errores y nos cegamos ante la situación pensando que jamás vamos a volver a salir adelante a causa de nuestros errores.
Pero no es así, la conclusión que debemos aprender es la de no repetir los mismos errores, aunque el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra.

