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“Háblame de corazón a corazón porque tus palabras no las entiendo, háblame con suavidad como si fuese una caricia.”
¿Han interpretado mal tus palabras, alguna que otra vez? ¿Se han ofendido sin razón, por algo que has dicho?
A veces no sale la palabra correcta y hay que dejar hablar al corazón…
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Con tus palabras influyes positiva o negativamente sobre la vida de quienes las escuchan.
Tú tienes el poder de influir de forma positiva sobre tus compañeros, familiares y pareja. El poder está en tus palabras.
Dicen que lo que siembras cosecharás… siembra palabras buenas y la cosecha será buena.
A veces, pese a expresarnos una y otra vez, parece que no se nos entendiese. ¡Es desesperante!
Más allá de las palabras, tenemos que aprender a expresarnos también con nuestro cuerpo, nuestro rostro y gestos.
La mujer puede dominar el arte de la comunicación, ¿hablas más allá de las palabras, con todo lo que eres?
Todas criticamos y somos criticadas. Nadie se libra de la crítica y de realizar una crítica. Unos son más criticados, y otros son los que más critican…
Pero una mujer valiosa y segura de si misma no tiene necesidad de andar todo el tiempo buscando y señalando los defectos en los demás. Intentemos no criticar, y si realmente es necesario, que sea de forma constructiva, para ayudar.
Ya no nos sorprenden las crisis de pareja, se han vuelto en algo tan cotidiano que casi pasan de forma desapercibida.
Los humanos nos acostumbramos a todo, como a los ojos morados, los insultos y faltas de respeto. Tanto así que a veces lo asimilamos como “parte del amor”.
Esto afecta incluso nuestras propias relaciones, pero no tenemos porqué aceptarlo así, y hay cosas que podemos hacer para mejorar nuestras relaciones, comenzando por educarnos como pareja, en lo que queremos, sentimos y necesitamos.
Hay una máxima en la comunicación que establece que “es imposible no comunicar”.
Por mucho que nos quedemos calladas, siempre estamos diciendo algo. El silencio habla, nuestra vergüenza habla, nuestros gestos corporales y rostro habla… y a veces no dice lo que realmente sentimos. ¿Por qué callar? ¿Por qué no decir lo que sentimos y creemos?
Es bonito escuchar música, de todos los géneros, culturas y ritmos que se puedan encontrar. Aun en la gran diversidad de melodías, puedes evidenciar las más bellas promesas de amor que se acompañan con el suave susurro del viento y el corazón.
Casi todas las melodías tienen un punto en común: el amor y la comunicación.
Dicen las malas lenguas que las mujeres hablamos hasta por los codos. Es cierto. Nuestra forma de poder hacer frente a un problema es hablar del problema, a diferencia de los hombres que se recluyen en sus cuevas.
Sin embargo la mayoría de las veces somos mal interpretadas, y eso genera situaciones conflictivas pues raramente nos sentimos “escuchadas o contenidas”.
Nos comunicamos más con nuestros gestos que con nuestras propias palabras. Damos tanta o más importancia al cómo nos dicen las cosas, que a las palabras en si.
Por eso, si queremos estar seguras de que se entienda bien lo que queremos decir y ser convincentes, debemos saber ser expresivas con nuestro cuerpo, nuestros gestos y modos.
A veces nos pasamos el día entero hablando, explicando nuestros puntos de vista, y nada… es como si no nos escuchasen.
¿Será que necesitamos dedicarle todavía más tiempo a hablar? Está claro que no, que algo falla, pero no eso; lo que pasa es que hablar no es lo mismo que dialogar.
No es que debamos “hablar por hablar”, pero sí saber hablar y no callarnos cuando debamos hacerlo.
Paradójicamente pasamos más de la mitad del tiempo hablando de banalidades, cosa que no está mal en pequeñas dosis, pero el problema llega cuando por pronunciar dichas palabras irrisorias, nos olvidamos de pronunciar aquellas bellas palabras que debemos exteriorizar, compartir con los demás y con nuestro espíritu…
Hemos sido criadas en una sociedad de convencionalismos, se nos han inculcado valores y principios de acuerdo a como nuestros padres pensaron que era “lo mejor”, fuimos instruidas para obedecer y muchas veces acatar ordenes de nuestros superiores, ya sea en jerarquías, edad o simplemente a quienes se supone que son la cabeza de nuestros hogar.
La palabra nos fue dada para decir lo que queremos, las voz nos fue dada para ser escuchadas, y de una u otra manera, se nos han dado las facultades para hacernos entender, pero, ¿somos entendidas? O a lo mejor la pregunta sería: ¿nos hacemos entender?
Los labios se mueven, sonidos salen de ellos, podríamos jurar que estamos hablando perfectamente claro, pero muchas veces los hombres no nos captan lo que queremos decir.
Cuando pensamos en unir nuestra vida a la de otra persona, nuestra mente se concentra en solamente “ser felices hasta que la muerte nos separe”, muy poco nos ponemos a pensar que el deseo de unirnos a otra persona puede ser sólo la combinación de hormonas e ignorancia, o por no querer estar solas. No cabe duda que el amor puede conquistar muchas cosas, ¿pero nos detenemos a pensar que existen muchas diferencias y problemas que surgen tan pronto como la convivencia empieza?
Quiero pensar que la mujer nació con el “Don” de la palabra bajo su brazo en vez de torta. Y no se trata de pensar que nuestro género femenino tiene un especial interés en las tortas de jamón con queso… ¡Para nada porque engordan!, pero sí es evidente que ninguna mujer podría vivir feliz ni podría sentirse plena sin poder expresar abiertamente lo que siente, lo que quiere, lo que busca, lo que sueña, lo que anhela, lo que espera de los demás y de sí misma.
Artículo de Tatiana I Lamas.
Hay veces que callamos porque pensamos que podemos herir a alguien, en otras porque creemos que como dice el dicho: “calladitos nos vemos más bonitos”… ¿pero qué pasa cuando callamos porque creemos firmemente que los demás no deben saber cómo somos en realidad o lo que sentimos?
Alguien dijo una vez…
…tengo miedo a no saber hacer bien las cosas, a decir lo que realmente pienso…
Los rumores amigas queridas, son uno de esos raros fenómenos que a todo mundo le han llamado la atención en el tiempo y en todos los tiempos, es como si se tratara de un complemento o un ingrediente mágico de lo que conocemos por: “Socialización”.
Cierto es un dicho que reza por allí y que dice: “Cuando el río suena, es porque agua lleva” sí; pero no siempre lleva agua sino que arrastra (al parecer) piedras, porque algunos rumores son tan fuertes, densos y escandalosos, que sacuden a las conciencias humanas, le inyectan angustias y miedos a la gente algunas veces y otras transmiten desánimos, tristeza o dolor.
No pocas veces amigas queridas, algunas mujeres hemos sido víctimas del enfado de alguna persona que tenemos cerca, por el hecho de que no podemos parar de hablar. Al parecer la mayoría de las mujeres nacimos con mucha cuerda en la laringe y en el alma un mundo de cosas con chispa que comentar y mucha urgencia por compartirlas, sin darnos cuenta de que padecemos de una enfermedad llamada: “Verborrea”.
Maritsa escribe:
Hoy murió una de mis compañeras en edad madura joven, nadie supo que padecía de cáncer por muchos años, ni su propia madre. Su único hijo de 17 años se enteró que estaba en la fase terminal hace dos meses, cuando la internaron.
Estuvo un mes semi-consciente en el hospital, cuando por fin se decidió a hablar sobre su muerte con el hijo. Pero ¿cómo explicarle que tenía que dejarlo solo? ya que nunca contó con su padre ni con nadie de la familia.
Hola mis amigas:
Dicen que las palabras pueden levantar tempestades, pueden ser suaves caricias para el alma, o pueden ser un arma tan letal que puedes llegar a matar a una persona por ellas.
Es muy importante que antes de hablar sepamos qué vamos a decir para no hacer daño a otras personas, incluso a aquellas con las que no nos llevamos tan bien. A veces sentimos mucha rabia contra alguien, pero antes de hablar debemos pensar.
Hace unos días tratamos el tema de lo que hablábamos las mujeres, y el resultado es que las mujeres hablamos de lo hombres, alguna otra cosa como de los niños… para una vez más volver al tema de los hombres.
Bueno les contaré algo que les va a asombrar, leyendo y conversando con amigas y amigos, he descubierto que los hombres no hablan de nosotras.
Siempre que exista una predisposición a escuchar al otro debe hacerse con mucha humildad y estando abiertas al diálogo para crear un buen ambiente que nos invite a conversar sobre nuestras cosas. Nadie quiere ganar batallas: la comprensión y el amor serán siempre los vencedores.
No hay nada más placentero que el ser escuchadas, sobretodo si es tu pareja. Hay muchas cosas que a veces no nos gustan, y a veces el miedo a enfrentarnos y crear una pelea evitamos el tema, pero a la larga nos causa tal frustración que al final es peor.






