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El mundo cambia, nuestro entorno cambia, las personas que amamos cambian… y nosotras también cambiamos.
La vida siempre sigue hacia adelante, a veces con cambios que nos duelen.
Pero como mujeres también crecemos, maduramos y evolucionamos. No nos estancamos, aprendemos de los errores y nos adaptamos a lo que la vida nos tenga deparada. Somos sensibles pero de corazón fuerte, no nos quedaremos ancladas en el ayer, forjamos nuestro futuro.
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No todas las relaciones de pareja tienen el final deseado, muchas veces la relación se rompe dejándonos un sabor agridulce.
Al romperse la relación sufrimos, lloramos y quisiéramos borrarlo de nuestra historia… Pero podemos hacer mejor que eso, las mujeres tenemos la capacidad de reflexionar y aprender de lo vivido para seguir madurando en el amor y en aquello que más nos conviene para nuestro futuro.
“No pienso cambiar, siempre he sido así, y así se me debe querer. Si no te gusta, te aguantas”.
Debemos aceptarnos unos a otros tal como somos, no podemos pretender cambiar a los demás… pero podemos cambiarnos nosotras mismas, y debemos.
No somos piedras inmóviles, somos mujeres, tenemos capacidad de aprendizaje y de maduración. Si nos lo proponemos, siempre podemos cambiar y mejorar.
¡Tú no los hagas!
Hay errores que casi todas las mujeres de mediana edad cometen: no comprar nada para ellas mismas, sacrificarlo todo por los demás, compararse con como eran de jóvenes, y más…
Pero aunque ya lleguemos a los 30, 40, 50 o 60, tenemos que seguir valorándonos, sabiendo que nuestra edad también es buena y también merece sus privilegios.
Cierto es… que el ser madre es una de la experiencias más maravillosas que hay en esta vida, pero no es menos cierto que cuando los hijos crecen y ves la posibilidad de que un día cercano se vayan de tu lado, el corazón se te pone chiquitico y deseas que tus hijos volvieran a ser los bebés que comían, vestían, e iban donde y cuando tú decías… ¿verdad que es así amiga?
¡Y lo siguiente son los nietos!
Todas las mujeres, tarde o temprano, pasan por la menopausia. Unas veces es de forma notable, y otras veces casi ni se percibe. Es algo natural, y si nos lo tomamos bien, algo que puede ayudarnos a darnos más importancias a nosotras mismas y nuestra salud.
El cáncer de mama, por lo contrario, no es natural y nada que queramos tener. Por ello debemos aprender a detectarlo a tiempo, cuando su tratamiento puede salvarnos la vida.
Crecer y envejecer es inevitable, queramos o no, todas las mujeres lo acabamos haciendo tarde o temprano. No se puede escoger no envejecer, no tenemos opción.
Madurar sí es opcional, es algo que depende de nosotras mismas. Tenemos en nosotras mismas el poder de crecer en conocimientos, madurez y sabiduría… y no eso es algo que podemos hacer desde ya mismo.
Cuando se llega a los 40 años, se experimentan muchos cambios, tanto en el organismo como psicológicamente. Pero no hay que extrañar los años que se nos han ido, sino mirarlos con satisfacción, por todas las experiencias que nos han dejado.
Hoy ya miramos hacia adelante para cuando seamos mayores, y para eso debemos prepararnos, planificar como queremos que sean nuestros años dorados, como cuidar nuestra salud física y mental.
La vida pasa, y cada vez que se te va un día, ese día ya no vuelve nunca más…
Por nuestro propio bien es necesario ir concluyendo etapas de nuestras vidas. Hubo un tiempo en el que eras niña y tuviste que pasar a la siguiente etapa. Quizás no te gustaba mucho hacerte mayor, pero si permaneces con ese deseo de ser eternamente joven, vivirías frustrada porque eso es imposible, hay que saber dejar pasar los años y tomar el tiempo que viene de la mejor forma posible.
¿Cuántas veces amigas, corremos detrás de un espejismo, que a nuestros ojos brilla como el oro?
Lo vemos como única oportunidad de mejorar:
Puede ser en el trabajo, las amistades o en el amor.
¿Cuántas veces en esa lucha incansable por salir de nuestra rutina o de la pobreza, buscamos un trabajo mejor, creyendo que en el anterior no se nos valoraba por tantos años, no nos pagaban lo justo, lo que merecíamos.
Qué triste es pensar amigas queridas, que una mujer esté o pueda estar privada de su libertad, que no pueda disfrutar de la sonrisa de sus hijos, de la belleza de las flores del campo, del canto de los pájaros, del sonido del agua al correr por los arroyos del bosque y las riveras de los ríos, del aire siempre meciendo las hojas de los árboles, y de los rayos del sol, colándose por las montañas, valles y colinas…
Hola amigas, reflexionemos acerca de cómo evolucionan nuestras vidas a lo largo de los años, comprobaremos que mucho de lo que ayer nos importaba, hoy ya no tanto. 
Cuando vamos creciendo en edad vamos madurando y entendiendo más cosas que hace años atrás era algo tremendo. Por ejemplo, antes te enamorabas y eras un mar de lágrimas, por semanas no querías salir de casa. Si te fijas ahora si algo no va bien en la relación lo hablamos, analizamos, y si nos damos cuenta de que no va con nuestra manera de pensar no lo dudamos por un minuto y le ponemos fin a una relación que no nos llevará a ninguna parte.
Me preguntaba una buena amiga, -muy jovencita por cierto: ¿A qué edad empieza una mujer a envejecer? …¡Vaya pregunta!, cada cual envejece cuando quiere.
La edad es relativa y no se puede especificar exactamente a qué hora o en qué momento de la vida, han de aparecer los primeros hilos plateados en las sienes de una mujer, las primeras arruguitas en los ojos, o las manchitas traumáticas en las manos y en los brazos.







