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Cuidado con la estricta disciplina cristiana en la educación de los hijos

¡Cuidado con la disciplina estricta de los hijos! No te pases el día regañando y diciendo “a Dios no le gusta esto y aquello”, formarás hijos rebeldes.

Hay tantas teorías acerca de cómo criar niños como niños hay en el mundo. Las modas van y vienen tan rápidamente y son tan opuestas que es difícil saber a quién escuchar…

—Artículo especialmente para padres de fe cristiana.

La disciplina cristiana en el hogar:

En cuanto a la disciplina, he oído de todo. Crecí en una familia cristiana evangélica donde reinaba la amabilidad y el cariño, pero en las iglesias corrían todo tipo de ideas. Una idea bastante arraigada en algunas iglesias (no todas) era la severidad con la que se debía tratar a los niños. Si desobedecían o hacían algo malo, tenían que ser “disciplinados” porque “si los corregías de pequeños, de mayores serían personas rectas”.  Casi siempre con buena intención, les acribillaban a regaños, les hacían meditar en el mal que habían hecho, les castigaban sin mostrar misericordia, insistían en hacerles sentir mal y avergonzados y, en las familias más fanáticas, les disciplinaban físicamente con un azote (o varios). A veces los azotes no cesaban hasta que el niño mostrase arrepentimiento o, como escuché decir una vez, hasta que se quebrantasen (sí, es horrible, lo sé).

¿Pero qué ocurre con tanta disciplina?

En primer lugar, que los padres más estrictos suelen tener a los hijos más rebeldes, más resentidos y más intranquilos. Se edifica una pared entre padres e hijos, cada uno en un bando opuesto. De un lado están los padres, que son “rectos y perfectos” y de otro lado está el niño, que es “desobediente y rebelde”. Hay un abismo entre padres e hijos. El niño pierde la confianza para expresar lo que siente, pierde la seguridad de saber que sus padres le van a apoyar incluso en sus fallos y, sobre todo, pierde la necesidad de saber ponerse límites a sí mismo. Si los límites vienen siempre de fuera (y con tanta frecuencia e intensidad), ¿para qué va a limitarse él mismo?

Y lo más absurdo de todo es que no solamente se establece un abismo entre padres e hijos, sino que ocurre lo mismo entre Dios y los niños. ¿Por qué? Porque los padres que disciplinan a sus hijos diciéndoles que “Dios está enfadado con ellos”, “a Jesús le has decepcionado”, “te voy a disciplinar porque lo dice la Biblia”, etc… (todo mentiras, porque Dios NUNCA está enfadado con los niños -quien está enfadado y frustrado es el padre o la madre), causan que los niños crean que Dios también está del otro bando, lejos de ellos. Desde luego, a los niños no se les ocurre pensar que Dios está de su parte, siempre.

Entonces, ¿cómo disciplinar a nuestros hijos?

Por supuesto, no podemos permitir que los niños vivan sin ningún tipo de reglas y sin experimentar las consecuencias de sus actos, pero se puede hacer de una manera mucho más natural, amable y alegre.

  • Tiene que haber muchísimas CONVERSACIONES entre padres e hijos, donde se hable de los sentimientos de los demás, de cómo nos sentimos los padres cuando ellos hacen algo equivocado, de cómo estamos convencidos de que ellos son personas fantásticas y de que eso malo que han hecho no les define.
  • Podemos hablar con ellos acerca de por qué se sienten frustrados, por qué han gritado-pegado-mentido-desobedecido y podemos perdonarles, al instante y sin disciplina alguna, un millar de faltas que no tienen mayor importancia.
  • Podemos elegir no enfocarnos tanto en sus fracasos y sí enfocar toda nuestra energía en sus virtudes, dejando claro que nosotros, sus padres, pensamos que son maravillosos.
  • Podemos insistirles una y otra vez que Dios está de su lado, que Él nunca está enfadado y que siempre serán bien recibidos por él.
  • Habrá veces en que les castigaremos, por supuesto. ¡Tienen que entender que sus acciones traen consecuencias!
  • Les regañaremos muchas veces, ¡claro que sí!, pero después de hacerlo tendremos CONVERSACIONES SERENAS y haremos todo lo posible para que entiendan que nosotros no somos mejores que ellos, que les comprendemos pero que no queremos que vuelvan a hacerlo, que les perdonamos y, sobre todo, que los amamos sin condiciones.

Eduquemos y disciplinemos de forma inteligente:

En lugar de sembrar semillas de rebeldía y enojo, sembremos aceptación, serenidad, sonrisas y perdón. Guiemos a nuestros hijos desde dentro, dirijamos sus ojos a lo bueno que tienen en su interior, que se enfoquen en sus virtudes y fortalezas, para que les nazca comportarse bien, para que les salga, de manera natural, ser generosos, amables y considerados.

¿Crees que esto es difícil? Dios da sabiduría a quien se lo pide, así que si la necesitas… ¡píde y recibirás! ¡Verás que bonito es vivir todos del mismo bando!

© Autor: Rebeca Byler.

Rebeca Byler: © Autor: Rebeca Byler. Escritora y profesora de música, de grandes habilidades artísticas. De pocas palabras que siempre van al grano, dirigidas al corazón de quien las lee o escucha. Sus escritos , incluyendo sus novelas, suelen reflejar su visión de esperanza y fe en la que vive. Consigue sus libros.

Ver comentarios

  • Nuestros hijos son como los pajaritos que se le enseña a volar no empece a darse golpes. Eso son los golpes que le enseñaran toda su vida que tiene que estar moviendo sus alas todo el tiempo para no caer en la vida.

    Así mismo son nuestros hijos en su educación personal. como en la cristiana. No se les puede obligar a aceptar algo que luego le sera más perjudicial que provechoso. Aunque en la biblia se habla de la vara de la disciplina, es para que se use como medio de que el niño aprenda a obedecer y respetar a sus semejantes. Quien en esta vida a aprendido a golpes por otro humano. Si se aprende de los errores que cometemos y nos cuesta algo en la vida.

    Yo hablo por mi que era un potro salvaje desde que entre en la escuela intermedia, todos los días a mi se me pegaba en mi casa por lo mal que me portaba en la escuela y no que fuera en los salones de clases, era en el patio donde me portaba como león suelto le pegaba a cualquiera por nada. Pero mi madre se sentó una noche conmigo y me explico porque era que me pegaban. Ellos querían lo mejor para mi y me dijo que yo tenia que decirle todos los días lo que yo hacia en la escuela.

    Pues opte por lo mejor darle la satisfacción a ellos y me porte muy bien. Ya ustedes ven que una charla a tiempo evita problemas mayores. Así mismo es en la educación cristiana, al hijo se puede llevar a la casa de Jehová, pero la decisión al cabo del tiempo es del propiamente.

    Fue un placer a nuestra colaboradora especial Rebeca por tan importante mensaje a los padres. Gracias por dejarme entrar a su casita e invito a nuestras amigas a volver a ella,
    las amo mucho; besos y abrazos....José

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