promiscuidad

La castidad, ¿un valor olvidado?

La castidad, ¿un valor olvidado? Nuestras abuelas solían hablar muy frecuente de la castidad, ¿castidad?

Una palabra casi desaparecida del vocabulario de los jóvenes e incluso de los padres modernos. Ya no se utiliza para educar y formar a nuestros hijos, pero sigue siendo una opción para evitar embarazos indeseados y enfermedades transmisibles por contacto directo.

La castidad y la abstinencia no están de moda, pero tienen muchas ventajas a considerar.

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Vírgenes y Casanovas

Vírgenes y Casanovas Cuando hablamos de conservar la virginidad, siempre pensamos en la mujer. Pero cuando hablamos de la promiscuidad parece carecer de importancia o gravedad si se trata de los hombres.

Por naturaleza el hombre es más inquieto, que un hombre sea virgen carece de importancia, tanto así que casi pareciese que es deshonroso para él (al contrario que la mujer) continuar virgen. Su primera experiencia sexual carece de la importancia que tiene para la mujer, porque el hombre cuantas más experiencias más varonil y hombre se sentirá. El hombre no se suele avergonzar por ello, sino todo lo contrario, suele enorgullecerse de sus numerosas experiencias sexuales, tanto que muchas veces tiene que inventarlas para impresionar más.

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El peligro de la promiscuidad

El peligro de la promiscuidad

Por mucho tiempo se ha hablado de “la revolución sexual”. Para ser más exactos, desde los años sesenta.

Desde la tal llamada “era del rock” el sexo entre jóvenes se practica liberalmente, dándole poca o nula importancia  a lo que hasta entonces se consideraba como “normal”. Las relaciones sexuales prematrimoniales se convirtieron en lo normal, y hoy día el sexo ya no tiene el sentido «prohibido» que una vez tuvo.

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