sumisión

La mujer: educada para ser sumisa

La mujer: educada para ser sumisa Desde siempre la mujer ha sido enseñada a obedecer y a ser sumisa.
Hasta hace muy poco era típico enseñarles a las niñas mayores de la familia a cuidar de sus hermanitos mas pequeños, a estar cerca de la madre, a aprender los oficios y a servir a los hombres de la casa.

La mujer aprendió a realizar tareas, tanto las delicadas como las tareas más rudas. Aprendió a almidonar los cuellos y los puños de las camisas, a bordar, a tejer y a hacer maravillas con las manos, pero todo se reducía al pequeño mundo de las cuatro paredes de su casa, aprendió a tratar con cosas de gente grande, muchas veces a ayudar en pequeños negocios, en consecuencia, también aprendió a contribuir a los ingresos de la casa.

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Las pruebas del amor

Las pruebas del amor No sé si han dado cuenta amigas queridas, lo común que es entre las parejas, la famosa frasesita “Dame una prueba de tu amor”, principalmente por parte del hombre que cuando quiere conseguir un objetivo específico de la mujer, se adelanta y directamente pide ser “convencido” de que realmente le aman, y por supuesto la mujer tan acostumbrada como está a convencer, allá va de babas y sin protestar a demostrarlo.

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¡La mujer incondicional!

¡La mujer incondicional! Dice un dicho muy gastado por allí amigas queridas: Amar, cuán bello es amar”, y tiene razón, porque amar es la causa o razón más poderosa que tendría una mujer para armar mil formas de querer y hasta de inventarse amores de necia fantasía y montarlos en castillos construidos en el aire, rodeados de hermosos jardines de ilusión, pero…

No importando cuán efímero sea el momento, hay mujeres que les gusta vivir dentro de esa burbuja tan frágil, endeble, delicada, riesgosa y a la vez peligrosa para atreverse a forjar sueños de cristal que pueden romperse en mil pedazos en cualquier momento.

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Cadenas de amor o sumisión

sumisión o amor La mujer desde tiempos pasados se sometía a los caprichos y órdenes del varón, desde que nacía la tenían predestinada a ser ama de casa, madre y esposa sumisa, enseñándole las labores del hogar, tiempos aquéllos en que no existía la equidad de género, parecía que nacer dentro del sexo femenino era sinónimo de obediencia, sumisión y sobre todo el bajar la
cabeza ante el macho que ordenaba.

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