Se dice que si alguna vez hemos amado, también hemos pasado por el túnel de los celos, nos sumergimos en sus aguas, nos envenenamos con sus intrigas, nos mareamos con sus contradicciones e incluso jugamos al detective buscando datos reveladores que confirmen pero a la vez nieguen lo que pensamos.
La vida nos coloca frente a diferentes situaciones, algunas de las cuales son dolorosas y provocadas por personas en quienes hemos puesto nuestra confianza, cariño, respeto, y en ocasiones incluso el amor más puro y verdadero que nuestro corazón es capaz de dar.
A veces esas personas en las que hemos confiado se portan mal con nosotras, terriblemente mal. Y en ese momento sólo pensamos en la venganza, la dulce venganza.
No es difícil encontrar mujeres que constantemente se quejan de que en casa no se les considera, no se les entiende ni se les atiende, y sufren de grandes dolores emocionales, atraviesan períodos de tremendas crisis de llanto y enorme sensibilidad, sintiéndose desamparadas en su alma, y huérfanas de afecto, y quien padece de desamparo emocional, seguro que se convertirá en una víctima más de la neurosis afectiva, ya que no hay cursos de educación intensiva para el amor.
Dentro del ámbito de la según llamada “sociedad” muchas personas se rigen por la moral, la ética, la exigencia del buen decir y ser. Pero es precisamente ahí donde muchas veces encontramos a las personas más injustas, y que más juzgan a los demás.
Aclaro bien se dice, “de todo hay en la viña del Señor”, pero qué triste es cuando descubres que detrás de muchas personas que creías conocer, y en las que encuentras amor, comprensión, y ternura, en el fondo albergaban todo un mar de conflictos y calumnias capaces de destruir un hogar, una mujer, una esperanza… y sobre al ser humano que confió y se dió sin medida ni tiempo, entregando todo lo que tenía por dar.