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El sueño ha terminado.
Es hora de despertar.
Él se ha ido.
Es el momento de respirar profundo, ser fuerte y empezar a vivir y disfrutar…
Porque el “show de tu vida” debe continuar.
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La vida no siempre es justa, el amor tampoco lo es.
Cuando entregas el corazón a manos llenas, cuando hay promesas de amor eterno, planes de vida juntos y todo parece ser recíproco, el dolor se vuelve indescriptible cuando todo se desmorona.
Es doloroso descubrir que lo que pensabas que era recíproco no lo era tanto, y que tú amabas mucho más… y aún amas.
Tras un divorcio o separación, ¿merece la pena intentar volver a formar un nuevo matrimonio?
¿Saldrá mejor ahora que sabemos lo que falló en la relación anterior?
Cada persona en esta situación decidirá si lo quiere volver a intentar, todos tenemos derecho a rehacer nuestras vidas. Si lo haces, ve con cuidado y cautela…
Si tu ex te traicionó, te falló, te hizo daño y se portó mal contigo es muy posible que le odies y no le puedas ni ver ni en pintura…
Es natural odiar a tu ex, especialmente si tanto mal te hizo.
Pero piensa en lo positivo, gracias a él ahora eres una mujer más fuerte, has aprendido a valorarte y ya nunca más caerías en las manos de alguien que valga tan poco como él.
El pasado no tiene porqué repetirse, no si aprendemos de lo sucedido y actuamos con la sabiduría que nos da la experiencia.
Puede que en el pasado nos rompiesen el corazón, nuestras relaciones no resultasen, no supiésemos mantener la llama del amor o a nos dejásemos llevar por engaños…
Pero el pasado ahí debe quedar, sólo como lección de vida. Es ahora, en el presente, cuando tenemos la posibilidad de actuar sabiamente para un futuro mejor. Hagámoslo.
No merece la pena vivir reprimidas recordando el pasado, las veces que nos dañaron y lo solas que nos sentimos…
Somos mujeres, si confiamos en nosotras mismas podremos salir de la soledad que que ahueca nuestro corazón.
Tenemos sobrada capacidad de levantarnos, renacer y volver a ser felices. ¡Hagámoslo, no vivamos resentidas por el pasado!
Las mujeres amamos con intensidad, plenamente, entregando nuestro cuerpo, alma y corazón.
Tal vez por eso, por lo verdadero y profundo de nuestros sentimientos, nos duele tanto el desamor y el adiós.
Pero somos mujeres, tenemos una gran fortaleza interior que nos ayuda a superar el dolor del adiós, la traición y el desamor.
No es agradable saber quien es la nueva novia de tu ex.
― Tampoco lo es no saberlo.
Y es cierto que la novia actual puede ser tu mayor amenaza… pero tú también puedo ser su mayor amenaza.
¿Merece la pena saber cómo es ella? ¿Si todavía piensa en ti?
La curiosidad te llevará a comprobarlo, pero lo mejor será aprender a dejar pasar página y no preocuparte más por el pasado.
Te casaste llena de ilusiones y al principio parecían cumplirse… Incluso lograste tener hijos que te llenan de orgullo.
Pero con el tiempo, la relación con tu esposo se enfrió y otro hombre apareció volviendo a hacerte sentir joven y llena de vida. A uno le hiciste promesas, al otro le debes tu felicidad.
¿A quién de los dos amarás finalmente?
No, el amor no debería doler, lo que duele es el olvido, ese largo pasillo que debemos cruzar para lograr que nuestra vida vuelva a tener equilibrio.
Olvidar un amor nunca ha sido una tarea fácil, pero tampoco es algo imposible de lograr.
Podemos lograr dejar atrás todo aquello que nos hace mal, aprender de la experiencia, madurar y crecer como mujeres que ya no se dejan llevar por las circunstancias.
No todas las relaciones de pareja tienen el final deseado, muchas veces la relación se rompe dejándonos un sabor agridulce.
Al romperse la relación sufrimos, lloramos y quisiéramos borrarlo de nuestra historia… Pero podemos hacer mejor que eso, las mujeres tenemos la capacidad de reflexionar y aprender de lo vivido para seguir madurando en el amor y en aquello que más nos conviene para nuestro futuro.
Cada vez que le recuerdas, te duele; cada vez que escuchas vuestra canción, te duele… Seguirá doliendo mientras te hundas en tus tristezas del ayer.
Cuando te parece tocar fondo, es porque llevas un tiempo recordando lo que deberías olvidar.
No es bueno ni sano vivir cada día sufriendo tus pérdidas, no serán las últimas pues es ley de vida, siempre hay algo o alguien que nos hará sufrir.
Cuando un hombre nos es infiel nos sentimos despreciadas y engañadas. Preguntamos ¿y quién es ella? y automáticamente la convertimos en nuestra enemiga.
Por culpa de la amante perdimos el amor y la fidelidad de nuestra pareja. Ella le engañó.
O eso pensamos… porque realmente, la culpa no es de ella. Ambas somos victimas, ha sido el hombre quien ha fallado, quien no ha sabido cumplir sus promesas, ha sido él quien ya no nos merece. Es él quien debiera ser considerado un plato de segunda mesa, y bastante malo por cierto.
¿Todavía no has sido capaz de superar el adiós del hombre que diciéndote estar enamorado te dejó justo cuando sentías que mejor estaba la relación?
En vista de lo vivido hasta ahora, ¿crees que nunca entrarás a alguien que te quiera realmente y te haga feliz?
Es hora de vencer el dolor. Como mujer tienes más fuerza de la que crees. Tú puedes vencer y volver a ser feliz.
El amor no se ruega, el amor se da o no se da.
Nunca ruegues por el amor de un hombre. Por mucho que le quieras no pierdas tu dignidad, respétate como mujer valiosa que eres.
¿Y si es él quien vuelve a ti, pidiéndote perdón y una nueva oportunidad? Lo mismo: respétate, dignifícate, no eres un juguete de quita y pon, eres una mujer que merece estabilidad, un amor fiel que no va y viene.
Con un martillo se puede construir, pero también se puede destruir.
De la misma forma, Internet es una herramienta que puede utilizarse bien o mal.
Si la utilizamos bien podremos aumentar nuestros conocimientos y entablar mayores y mejores amistades. Pero si la usamos mal, podemos destruir las relaciones que ya tenemos.
Ser amante de alguien en el sentido coloquial de la palabra implica relación secreta, encuentros furtivos, sentimientos encontrados, vínculos prohibidos, y al final de todo, soledad.
A veces las mujeres cometemos el peor de los errores, ser amante de nuestro ex. De aquel hombre que un día nos dejó y ahora tiene a otra.
Cuando se tiene la pareja perfecta para una misma, cuando junto a él se ha formado con años de dedicación y amor una familia, cuando se tiene la seguridad de estar con la persona correcta, de tener amor, felicidad y fidelidad… una infidelidad es devastadora.
Cuando llega una infidelidad que no fuiste capaz de intuir, no comprendes nada, te sientes impotente, devastada e incapaz de comprenderlo “¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuanto tiempo? ¿Cómo pudo disimularlo? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Qué hice? ¿Qué no hice? ¿Tendré algo de culpa?” ¡Confusión, devastación!
Nos hacen daño pero no es fácil dejar de amar. Aun así, aprendemos a reponernos y salir adelante, incluso perdonando a quien nos lastimó.
Pero perdonar no es sinónimo de regresar. El perdonar significa que dejamos ir nuestros dolores, pero no contiene una cláusula de permanencia que nos obligue a regresar con nuestros verdugos.
Todo está bien, su ternura te llena de amor y te hace subir a las nubes con un simple “te quiero”…
Pero llega el día del dolor del silencio… de acostarse sin dar un beso de buenas noches. Sientes que tu pareja está a tu lado, pero ausente, lejano.
Y un día de repente escuchas las palabras que jamás hubieses querido escuchar: “Ya no te quiero”.
A veces nos proponemos dejar el pasado atrás para volver a empezar en la vida y el amor, pero no es fácil: hagamos lo que hagamos ese pasado está más presente que nunca… ¿por qué ocurre esto?
Porque estamos poniendo demasiada energía en dejarlo atrás, lo cual nos lleva a revivirlo permanentemente.
En lugar de olvidar sólo conseguimos vivir el pasado de nuevo.
Naufragamos en un mar de recuerdos que ya no queremos tener en la cabeza, el tiempo pasa y pasa pero nosotras seguimos amarradas a una balsa que no tiene dirección ni sentido…
Y así nos vamos perdiendo en la inmensa oscuridad de la noche, porque cada faro que encontramos en lugar de llevarnos a tierra firme, sólo nos engaña y nos guía a rocosos puertos…
A lo largo de la vida, son incontables las veces que tenemos que enfrentarnos a situaciones difíciles, como lo es una ruptura sentimental.
Romper con la persona que amamos o hemos amado no es fácil, es doloroso, incómodo, y nos destroza el corazón.
¿Cómo hacer para terminar bien una relación? ¿Cómo evitar que duela más de lo estrictamente necesario?
No es fácil dejar ir a alguien de nuestras vidas, y mucho menos de nuestros corazones, recuerdos y pensamientos.
Incluso después de la separación, seguimos pensando en ellos, visitando sus muros en el facebook, intentando saber algo de ellos, preguntándonos cómo sería si las cosas hubiesen sido diferente…
¡Pues ya basta! Esa actitud debe cambiar, ¡ya no más!
Tras salir de una relación, especialmente si hemos sufrido, es natural que nos volvamos mucho más prevenidas y cuidadosas a antes de comenzar una nueva relación. No queremos volver a equivocarnos.
Pero a veces, tomamos demasiadas precauciones, y cuando nos volvemos a enamorar (lo cual es inevitable) intentamos convencernos a nosotras mismas de que no es así.
En este artículo, 8 consejos para mujeres dispuestas a iniciar una nueva relación de pareja.
Ninguna mujer debería preguntarse “qué tiene ella que no tenga yo”, porque todas las mujeres somos valiosas y tenemos algo especial. Cada mujer es un mundo, y tú como mujer debes saber hacerte respetar.
Todas las mujeres tenemos algo que nadie te lo puede quitar excepto tú misma: LA DIGNIDAD, que cuando la perdemos, perdemos todo. Eso jamás lo permitas.
A veces se nos olvida que cuando nos enamoramos, en el paquete también nos incluyen una cláusula de libertad que asevera que él también puede ser feliz sin nosotras, que tiene el derecho de dejar de amarnos si así lo desease, y que las decisiones de nuestra pareja han de ser respetadas.
Sin duda, es difícil asimilar que el hombre a quien amamos ya no quiera volar a nuestro lado y esté anhelando abrir su espacio a otros destinos en los que no nos encontramos nosotras, por lo menos de la forma en que quisiéramos. Pero sucede.
Cuando nos enamoramos pensamos que hemos encontrado el amor verdadero, nuestra media naranja, la persona perfecta para nosotras…
Pero a veces las cosas se tuercen y la relación se rompe y tenemos que aprender a olvidar, a dejarle ir, a dejar de pensar en él, y a buscar nuestra propia felicidad en otro lado. ¿Pero, cómo?
Siempre hay algún punto de la vida en el que recibimos golpes bajos, momentos en los que sentimos que se nos rompe el corazón.
Pero las mujeres, aunque aparentamos debilidad, somos fuertes, y nuestro corazón también.
Nuestro corazón no muere por un mal amor, y hasta el fin de nuestros días siempre tendrá la oportunidad de seguir brillando y amando como un corazón valioso.
“No se acaba el amor con sólo decir adiós, cuanto menos te tengo más te recuerdo, quiera olvidarte, pero estás en mi mente…
Me pregunto mil veces si será verdad que algún día aprenderé a ignorarte, a no estar buscando en tu perfil qué haces, o mirando a ver quien ocupa hoy tu corazón…
Olvidar no es fácil, y aunque me hiciste daño, por algún motivo sigo buscando noticias tuyas.”
El olvido es difícil…
si no imposible.
Las mujeres somos humanas, personas, y como tales no podemos simplemente pulsar un botón y borrar de nuestra memoria y corazón todo lo vivido.
Pero sí podemos hacer algo al respecto… como dejar de recordar.
En nuestra vida hay etapas que han sido muy dolorosas, recuerdos pasados que no se van de nuestras vidas, heridas que aún no sanan porque seguimos pensando en el ayer… y eso nos nos deja avanzar.
La mejor manera de superar el dolor del pasado no es tratando de olvidar, estar a punta de llantos y mala vida, sino al contrario… es mejor saber enfrentar lo que causó tanto desastre en nuestras vidas.
Si llegamos a un consenso, diríamos que revivir una relación pasada cuando se ha sufrido y se han tenido malas experiencias, en la mayoría de los casos no es recomendable.
Sin embargo, en honor a nosotras mismas, muchas veces debemos darnos el “lujo” de mirar atrás para poder reconocer con certeza qué es lo que en realidad estamos sintiendo.
Tras romperse una relación el mundo se nos hace añicos, nos sentimos tristes, desilusionadas y tal vez traicionadas…
Pero ahí estamos, con una pequeña esperanza de que él vuelva, de que las cosas se arreglen mágicamente. Sentimos que sin él, o un hombre en nuestras vidas no podemos vivir, lo cual provoca grandes errores por nuestra parte…
Hay veces en las que nos preguntamos el porqué no conseguimos dejar de amar a alguien que nos ha hecho daño. Toda la magia que una vez existió entre los dos se ha esfumado, y hemos pasado de “querer amar” a “querer dejar de amar”, pero no lo logramos.
Pareciera que siempre estamos apostando nuestro amor y nuestros sentimientos en una ruleta rusa que siempre nos premia con la desdicha, el desprecio y el desamor… Todo ello por amar sin pedir nada a cambio.
Infinidad de veces solemos cargar situaciones del pasado sobre las espaldas de nuestro presente, momentos dolorosos, o tal vez recuerdos gratos pero que al evocarlos nos deja un amargo sabor en la boca.
Vivimos día tras día pensando en lo que “hubiera” sucedido “si tal o cual”, soñando “cómo sería nuestras vidas si” y repasar sobre lo que no se puede volver a reescribir sólo nos cubre de tristeza, impotencia o mal humor.
Hay palabras que nos rompen el corazón:
• “Ya no te amo”.
• “Lo nuestro se acabó”.
• “Ya no eres parte de mi vida”.
• “Yo nunca te he querido”.
Nunca estaremos preparadas para escuchar palabras fuertes como estas. Acaban con nuestra paz y convierten nuestra vida en un infierno. Nos rompen el corazón.
Nunca te dejes engañar, sólo porque los hombres te lloren y supliquen no quiere decir que vayan a cambiar. No creas todo lo que te dicen cuando están alterados y “arrepentidos”, es común en ellos actuar así para manipular tus sentimientos.
Muchas veces estamos con alguien que nos ha hecho daño y traicionado porque a pesar de todo dice que nos ama. Pero no debemos dejarnos engañar, quien ha hecho algo para perder nuestra confianza seguramente no nos ama como merecemos. Puede que la necesidad y dependencia el uno del otro y la confusión provocada en los momentos de inestabilidad nos hagan pensar que es amor en lugar de lo que es realmente: costumbre.
La infidelidad rompe muchos hogares y matrimonios que acaban en divorcio o separación. Por culpa de la infidelidad, muchos hombres acaban marchándose del hogar que formó con su mujer, ahora su ex.
Tras su marcha queda el inevitable dolor, llanto y sufrimiento de la mujer. Pero los sentimientos son complicados, y muchas veces el hombre vuelve a la mujer con el corazón arrepentido dispuesto a probarlo todo por recuperarla. ¿Vale la pena reintentarlo?









