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Cuando el dolor llega a nuestras vidas, lo hace con sufrimiento, lágrimas, tristeza y fantasmas del pasado…
Quisiéramos no tener que sufrir nunca, pero el dolor es inevitable, es parte de la vida. Y aunque no nos guste, también trae cosas positivas a nuestra vida: oportunidad de cambios, crecimiento y de disfrutar de mayores victorias.
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No es bonito que duden de nuestro amor, pero dudar un poquito en momentos puntuales es normal y humano.
A veces las personas necesitamos que se nos reafirme en el amor; sólo supone una pequeña inseguridad, un momento de debilidad y necesidad. Si en lugar de rehuir las preguntas inquisidoras aprovechamos la ocasión para reafirmar nuestro amor, podremos fortalecer nuestra relación demostrando que no hay motivos para dudar del amor que nos sentimos.
Hay hombres con alma de asesinos. Asesinos de nuestros sentimientos, esperanzas e ilusiones. Hieren de muerte nuestros corazones inocentes, atacan nuestra autoestima y nos hacen volubles a su voluntad.
No todos los hombres son así, pero cuando tenemos a uno así en nuestras vidas hay que saber deshacerse de ellos, respetarnos a nosotras mismas y luchar por nuestra libertad y derecho a la felicidad.
Hay cosas que nos pueden provocar grandes sustos, pero lo que realmente nos da miedo son las cosas cotidianas de cada día que no somos capaces de enfrentar.
La verdadera mujer valiente no es tanto aquella heroica mujer del cine de acción, suspense y ficción, sino la que se enfrenta cada día a sus temores en su hogar, trabajo, matrimonio y familia.
No se es familia sólo por los lazos sanguíneos. La familia es más que eso, es algo que se lleva en el corazón.
Madres, padres, hijos, hijas, hermanos y hermanas… todos debemos amarnos y sentirnos bien unos con otros. Para vivir en familia hay que sentirse familia, y eso parte del corazón y del amor.
¿Es posible ser “sólo amigos”, entre hombres y mujeres?
¿Puede realmente, un hombre y una mujer, ser amigos? ¿Por cuanto tiempo?
Las críticas nunca faltan, las dudas y escepticismo siempre estará en boca de todos… pero hay hombres y mujeres que son sólo muy buenos amigos.
¿Se puede ser infiel con el pensamiento? ¿Es malo pensar en otra persona cuando se tiene pareja? ¿Si sólo son pensamientos, crees que importa?
La fidelidad es de cuerpo y es de mente. Así como también es cierto que quien en realidad ama, jamás será infiel…
Todas queremos ser felices y en nuestro intento de serlo intentamos ser como los demás, procuramos parecerles “correctas” y provocarles admiración. Pero en realidad, cuanto más intentamos ser felices agradando a los demás, menos felices somos.
La felicidad está en ser nosotras mismas, con nuestros defectos y virtudes, con nuestras alegrías y tristezas, con nuestros triunfos y nuestras derrotas…
¿Qué será lo que tiene la palabra fracaso que nos asusta tanto?
No queremos fracasar, pero a veces podría ser lo mejor que nos pueda ocurrir. Como cuando finalmente nos damos cuenta de que la relación en la que llevamos años de infelicidad se acaba de romper. O cuando nos sirve para aprender a valorar y disfrutar más de lo que tenemos.
¡Tú eres importante!
Tal vez pienses que el mundo podría seguir igual sin ti, que no has hecho ni harás nunca una diferencia significativa en este mundo, pero no es así… Eres importante, y sin ti muchas cosas serían diferentes.
Cada cosa que haces, sientes o piensas tiene un efecto en las personas que están a tu alrededor. Y como mujer valiente y valiosa que eres, esa influencia puede ser positiva. ¡Claro que sí!
Nos hacen daño pero no es fácil dejar de amar. Aun así, aprendemos a reponernos y salir adelante, incluso perdonando a quien nos lastimó.
Pero perdonar no es sinónimo de regresar. El perdonar significa que dejamos ir nuestros dolores, pero no contiene una cláusula de permanencia que nos obligue a regresar con nuestros verdugos.
¿Qué nos hace valiosas a las mujeres?
Hay quien pensaría que una mujer de valor es aquella por la que los hombres babean en la calle, aquella que va de última moda, luce joyas, tiene un cuerpo escultural y tiene hombres de dinero pretendiéndola.
Pero las mujeres de valor no somos así. Damos más importancia a lo que perdura y no se devalúa: nuestro interior. Sabemos que cuidándolo seremos más valiosas cada año que pasa.
Alguna vez todas nos hemos puesto nerviosas ante un auditorio: temblamos, tartamudeamos, repetimos mil y un veces la misma palabra, no hilamos ideas y en conclusión, quisiéramos que se abriera un hoyo y nos tragara la tierra.
Pero como la tierra no se abre y no nos traga… ¿qué debemos hacer? Es simple: enfrentar nuestros miedos, enfrentar a nuestro público.
Cuando iniciamos una relación de pareja empezamos a imaginarnos como será nuestro futuro al lado de esa persona: hacemos planes, volamos por los años hasta la vejez y soñamos con que el sentimiento que hoy habita en nuestro corazón nunca muera.
Pero a veces el sueño se termina y ese amor que adornaba el jardín de nuestra alma con las más frondosas flores se marchita, y lo que antes era un espléndido jardín ahora no es más que un conjunto de flores muertas.
Es bonito escuchar música, de todos los géneros, culturas y ritmos que se puedan encontrar. Aun en la gran diversidad de melodías, puedes evidenciar las más bellas promesas de amor que se acompañan con el suave susurro del viento y el corazón.
Casi todas las melodías tienen un punto en común: el amor y la comunicación.
Naufragamos en un mar de recuerdos que ya no queremos tener en la cabeza, el tiempo pasa y pasa pero nosotras seguimos amarradas a una balsa que no tiene dirección ni sentido…
Y así nos vamos perdiendo en la inmensa oscuridad de la noche, porque cada faro que encontramos en lugar de llevarnos a tierra firme, sólo nos engaña y nos guía a rocosos puertos…
Nos acostumbramos a la rutina de la vida, hacemos las cosas sin pensarlo, dejándonos llevar por las cosas del día a día… Nuestras vidas no tienen sentido, nos esforzamos en progresar, pero a fin de cuentas sólo queremos que el día acabe. ¿Qué sentido tiene esto?
Debemos retomar nuestras vidas, debemos aprender a disfrutar de la vida. Sólo vivimos una vez, decidamos vivir con alegría.
No es fácil dejar ir a alguien de nuestras vidas, y mucho menos de nuestros corazones, recuerdos y pensamientos.
Incluso después de la separación, seguimos pensando en ellos, visitando sus muros en el facebook, intentando saber algo de ellos, preguntándonos cómo sería si las cosas hubiesen sido diferente…
¡Pues ya basta! Esa actitud debe cambiar, ¡ya no más!
La sabiduría popular, dentro de su gran abanico de posibilidades, asegura que “quien juega con fuego, se quema”, sin embargo, muchas veces nos creemos pirómanas, expertas en tragar y hacer malabares con fuego sin que su calor nos llegue a rozar ni tan siquiera por un milímetro.
No en vano se pronunciaron estas palabras y hay muchas formas de quemarse, no sólo el cuerpo sino también el alma y el corazón.
Vivimos acostumbradas a una “comodidad” moral que nos permite hacer lo que queramos y cuando se nos antoje, sin sentir remordimientos ni penas; es como si hubiésemos comprado un ticket de “no culpas” que nos exime de asumir la responsabilidad de nuestros actos sin que nos veamos muy afectadas en el asunto.
No en vano dicen que en esta vida todo tiene solución menos la muerte. Cuando muere un ser que amamos profundamente sentimos un dolor que nos traspasa el alma y nuestro corazón se rompe en incontables pedacitos de frustración al perder para siempre a aquella persona tan especial que acariciaba nuestro ser con cada mirada.
Muchas personas utilizan máscaras para el alma y el corazón. Simulan ser diferentes a como realmente son, disfrazan su tristeza, fracaso, odios y rechazos por falsas alegrías, éxitos y aprecios.
Son personas que simulan ser lo que no son, sentir lo que realmente no sienten. Personas cercanas a nosotras pueden llevar estas máscaras, y a veces tristemente nosotras mismas. Pero estas máscaras no representan la realidad, y el hechizo mágico sólo funciona un tiempo. Mejor nos sería tener seguridad en nosotras mismas.
Tras salir de una relación, especialmente si hemos sufrido, es natural que nos volvamos mucho más prevenidas y cuidadosas a antes de comenzar una nueva relación. No queremos volver a equivocarnos.
Pero a veces, tomamos demasiadas precauciones, y cuando nos volvemos a enamorar (lo cual es inevitable) intentamos convencernos a nosotras mismas de que no es así.
En este artículo, 8 consejos para mujeres dispuestas a iniciar una nueva relación de pareja.
Las mentiras: ¡ni grandes, ni medianas, ni pequeñas!
Todas las mentiras, sin importar su gravedad, no dejan de ser eso, mentiras.
¿Por qué pensamos que en ciertas ocasiones está bien realizar pequeñas mentirijillas? ¿Acaso no nos molesta cuando nos mienten, incluso para cuestiones pequeñas y tontas?
¿Siempre hay que perdonar? ¿Por qué perdonar a alguien que no merece recibir perdón? ¿Hay que perdonar?
El perdón es algo que se debe ofrecer libre y voluntariamente, pero perdonar no sólo le hace bien a quien recibe el perdón, el perdón es especialmente bueno para quien es capaz de dejar atrás los rencores del pasado…
A veces se nos olvida que cuando nos enamoramos, en el paquete también nos incluyen una cláusula de libertad que asevera que él también puede ser feliz sin nosotras, que tiene el derecho de dejar de amarnos si así lo desease, y que las decisiones de nuestra pareja han de ser respetadas.
Sin duda, es difícil asimilar que el hombre a quien amamos ya no quiera volar a nuestro lado y esté anhelando abrir su espacio a otros destinos en los que no nos encontramos nosotras, por lo menos de la forma en que quisiéramos. Pero sucede.
Nos comunicamos más con nuestros gestos que con nuestras propias palabras. Damos tanta o más importancia al cómo nos dicen las cosas, que a las palabras en si.
Por eso, si queremos estar seguras de que se entienda bien lo que queremos decir y ser convincentes, debemos saber ser expresivas con nuestro cuerpo, nuestros gestos y modos.
El amor es revolucionario, provoca la aceleración de nuestros pensamientos y nos hace detenernos a contemplar los pequeños detalles de la vida y pasear en un mundo en donde el calor del sol viene en forma de abrazos, el ímpetu del viento en suaves caricias, el brillo de las estrellas en miradas y el canto del silencio en sinceros pensamientos de esperanza.
Uno de los dolores más grandes que podemos sentir es el ocasionado por la traición de una persona que amamos intensamente, puesto que no nos explicamos el porqué nos lastiman cuando hemos entregado lo mejor de nuestro ser sin restricciones ni exigencias.
Hay tantos sentimientos encontrados y tantas preguntas sin respuesta que de repente nos damos cuenta de que nos estamos ahogando en nuestras propias lágrimas.
Quisiera saber cuáles son las razones –si las hay- que llevan a un ser humano a ser capaz de lastimar a otro sin medir el daño que hace.
Quisiera saber cuál es el origen de tanta maldad y cuáles son las técnicas que emplean para acabar a destajo con los sueños e ilusiones de un alma sensible que, lo único que busca es hallar un rinconcito agradable para vivir en armonía.
En muchas ocasiones, debido a nuestro temor a quedarnos solas, al apego emocional, la baja autoestima o la vana creencia de que “no encontraré a alguien más”, podemos llegar a quedarnos junto a personas que ni nos aman de forma sincera, ni nos valoran como merecemos.
Pero debemos ser mujeres fuertes, valientes, y capaces de reconocer cuando estamos perdiendo el tiempo con alguien que no nos merece.
Cuando nos hieren, nos sumimos en una mezcla de sentimientos difícilmente explicables… y lo más duro es saber que en buena medida nos han lastimado porque nosotras mismas lo hemos permitido.
¿Qué debemos hacer en momentos de crisis y confrontación? ¿Cómo hacer que las cosas no empeoren cuando estaríamos dispuestas a romper los platos o algo mucho peor?
Hay personas que podríamos calificar como “inspiradoras”. Personas que nos alumbran y nos infunden ánimo o motivación con sólo ver como afrontan la vida.
¿Cuál es la diferencia entre esas personas que nos inspiran a ser mejores y el resto de personas?
Generalmente las personas tienden a mirar a otras como punto de inspiración, ¿pero por qué no aprovechar la vida, y ser tú misma también una fuente de inspiración en los demás?
Nos han inculcado una “vergüenza crónica por nuestro cuerpo”, nos sometemos a pensamientos perfeccionistas en los que se le rinde culto al cuerpo y nos vemos vulnerables si no poseemos una figura que despierte todas las miradas.
Pero lo cierto es que no tenemos que parecernos a las modelos de televisión y tampoco tenemos que seguir las pautas sociales que nos dicen el cómo lucir.
¿Por qué haces esperar al amor? Hace rato que está al lado de tu puerta y aún no te dignas a dejarlo entrar…
¿Acaso no te has dado cuenta de que el amor ha pasado mucho tiempo contemplando tu ventana en espera de tu figura? ¿Por qué no le abres la puerta y le invitas a tomarse un café mientras charlan sobre el esplendor del más bello instante?
Estás invitada a realizar un viaje al interior de tu propio ser, de tu mente, tu corazón y sentimientos…
Muchas veces sentimos que la vida nos trata mal, y puede que sea cierto, pero de nada sirve auto-compadecernos y buscar la compasión de los demás, mejor busquemos dentro de nosotras mismas las soluciones que sí tenemos y muchas veces ignoramos.
Crecer y envejecer es inevitable, queramos o no, todas las mujeres lo acabamos haciendo tarde o temprano. No se puede escoger no envejecer, no tenemos opción.
Madurar sí es opcional, es algo que depende de nosotras mismas. Tenemos en nosotras mismas el poder de crecer en conocimientos, madurez y sabiduría… y no eso es algo que podemos hacer desde ya mismo.
Hay personas que dicen que empezarán mañana, la semana que viene, el mes entrante o cuando se cumplan todas las condiciones…
Nos proponemos realizar cambios en nuestra vida “a partir de mañana”, pero cuando llega el día, siempre falta otro día más.
Todo se posterga, todo queda para más tarde, para un momento mejor, para dentro de poco, pero hoy mismo no… Pues ya no, se terminó el hábito de postergar… ¡ahora es el momento”!
A veces nos pasamos el día entero hablando, explicando nuestros puntos de vista, y nada… es como si no nos escuchasen.
¿Será que necesitamos dedicarle todavía más tiempo a hablar? Está claro que no, que algo falla, pero no eso; lo que pasa es que hablar no es lo mismo que dialogar.
El olvido es difícil…
si no imposible.
Las mujeres somos humanas, personas, y como tales no podemos simplemente pulsar un botón y borrar de nuestra memoria y corazón todo lo vivido.
Pero sí podemos hacer algo al respecto… como dejar de recordar.
Muchas veces nos sentimos agobiadas al ver pasar nuestros días sin pareja a nuestro lado. No queremos estar solas, por lo que muy frecuentemente acabamos cometiendo errores, entablando nuevas relaciones con hombres que igual no nos convenían…
Pero no deberíamos sentirnos tan mal cuando estamos solas, especialmente sabiendo que ese periodo de nuestras vidas puede ser muy enriquecedor para nosotras, incluso para la futura etapa de pareja…
A veces quisiéramos decirle a alguien lo mucho que le apreciamos y lo mucho que significa para nosotras… pero a la hora de expresarnos nos complicamos demasiado y acabamos por no decir nada, asumiendo que “ya lo sabe”.
¿Por qué nos complicamos tanto? ¿Por qué nos cuesta tanto regalarnos unas palabras de cariño, amor y aprecio?
Si llegamos a un consenso, diríamos que revivir una relación pasada cuando se ha sufrido y se han tenido malas experiencias, en la mayoría de los casos no es recomendable.
Sin embargo, en honor a nosotras mismas, muchas veces debemos darnos el “lujo” de mirar atrás para poder reconocer con certeza qué es lo que en realidad estamos sintiendo.
Cuando tomamos una decisión pensamos que es la mejor opción que tenemos en el momento. Confiamos que es lo mejor para nosotras.
Pero las decisiones caducan, porque con el paso del tiempo, con el cambio de circunstancias y con nuestra propia madurez podemos ir descubriendo mejores opciones a la decisión que habíamos tomado. Somos mujeres, somos valiosas… y podemos cambiar nuestras decisiones.














